el fraccionamiento
y pasé de frente
cantaba en colombiano
pasé de nuevo
leí cada detalle
sentí los lugares de tu mente
donde llevas
donde guardas
esas formas
esos afectos
no me atreví a entrar
un día me desalojaste de tu vida
y pasé de frente
cantaba en colombiano
pasé de nuevo
leí cada detalle
sentí los lugares de tu mente
donde llevas
donde guardas
esas formas
esos afectos
no me atreví a entrar
un día me desalojaste de tu vida
Cerrar o abrir definitivamente esa herida, la historia, esa soledad, esa incomprensión, ese dolor, ese tropiezo, esa violencia, esa coyuntura, ese desencuentro, esa coincidencia, esta distancia, este silencio.
A veces necesitamos entrevistas, no sólo entreoídas.
Ojalá todos estuviéramos atentos a ello, ojalá todos lo supieran.
Vivir en India ha sido un privilegio. Y lo dejo ahí porque hablar de India me da diarrea, pero una diarrea multitudinaria, compuesta, donde se yuxtaponen piedras, flores, colores, mierda, suciedad, mármol, templos, belleza, multitudes, palacios, inocencia, otredad, fealdad, identidad, sabores, cuchitriles, soledad, música y silencio. India el caleidoscopio. India como un aparador que te traga y te prohibe, concediendo que estás suficientemente vivo, simplemente verlo como quien visita un museo o una cárcel o un palacio o un sanatorio o un manicomio. India, como cualquier otra cosa entera, completa, redonda, húmeda, no se revela si no entras en ella.
Hoy me he dado cuenta que he muerto. Ya no soy. Al menos no soy el que conocía. En muy pocas cosas me reconozco. Tan pocas y de tal manera superficiales que podría tratase de cualquier elemento más bien peregrino, común a cualquier otro hombre.
No es que hoy sea nadie. No. Simplemente soy una muerte. No la muerte que actúa e infunde temor en los niños y esperanza en los ancianos. Tampoco la muerte a la que típicamente le deben la taquilla esas películas de terror japonesas o americanas. No, simplemente una muerte. Mi muerte, si me toman en mis horas humildes.
Me reconozco, por dar un ejemplo, en mi letra cuando escribo sobre mi bloc de notas. En otras cosas también pero que me guardo como cuando una mujer se guarda los dedos en su sexo cuando está sola.
La muerte, natural y tranquila. Murió Gustavo. Y tampoco hay que llorar. Nadie lloró cuando nací y vaya que si hubiera habido un poco de sinceridad, de honestidad, sobraban razones para hacerlo.
Mi muerte, como muchas otras situaciones, son cosas que pasan. Vaya, que me pasan, al menos. Y seguirán pasando, me atrevo a adivinar. Hay que bendecir la serenidad y eso es lo que pido a los que escuchan mi veredicto.
Tampoco es que hoy, al menos puedo jactarme de eso, yo sea tan crédulo o tan imbécil como para creer necesariamente que los nuevos días serán como un Nuevo Mañana con florecitas amarillas y pistilos color naranja adornando el horizonte. (Y a ver, no, no es negro: basta de movimientos heróicos, que sólo translucen y apestan a cobardía).
Muerte. Simplemente es en mí. No es que esté muerto. No estoy muerto. He muerto, que es diferente.
¿Quién puede decir que entiende a los muertos o que se entiende con los muertos? Nadie escribe desde la muerte. Sólo un muerto tendría derecho a escribir sobre la muerte. Todo lo demás son preguntas sin respuesta. Todo lo demás son mentiras. La muerte y la verdad os harán libres, ¿habrá alguna mentira más grande que esa?
Tengo una pena de muerte
Muero de pena
Muero de pena de muerte
De pena muero
De pena, la muerte
Un pene de muerte
Pene de muerto
Muerto de pene
Muerto de tanto pene
Muerte de tanta pena
Muerte de Pune
Pune de muerte
Pune del hijo que muere
Hijo muerto de pena
Hijo y muerte del pene
Cabeza de muerte
De cabeza muere
Pene y cabeza de muerte
Morir de cabeza
Morir sin cabeza
Pena y cabeza
Besa la pena
Besa la muerte
Besa, la muerte
Pene que besa la pena
Pene orinado de muerte
Pene de muerte orinado
Muerte y boca del pene
Boca que besa y escupe la muerte
Boca de pena
Boca de muerte
De boca a la muerte
Octubre. ¿Cuántos meses uno necesita para borrar un mes errado? ¿Cuántos Kanchenjunguita?, ¿cuántos Zipizapa?
Octubre, para los tucapalis, era el mes de muerte. Yo me hice uno con ellos durante esos días.
Fundé un pueblo muerto, fundé un pantano.
| Y siguió levantando el aliento, la fantasía a partir de la nada, de la soledad |
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No queremos ser más fantasmas a dúo, mitos de gargantas silenciadas, ni solamente la creación más acabada de nuestras vísceras y sueños. Somos mujer y hombre Me acerco a ti definitivamente Una marca que persistió al silencio Yo quiero beber de tus ríos, Para existir plenamente uno en el otro Queremos todos esos años |
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Y el vacío –que no Kanchenjunga– tomó forma en el Caribe profundo. El canto del coquí es el eco de su voz. Quizá Kanchenjunga es el nombre más hermoso que jamás se le ha dado a la antítesis de la soledad. Queden estos versos como testimonio de lo que un hombre fue capaz de inventarse por evitar la soledad. |
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Un nuevo sol de coco se levanta. La noche de coquís duró diecisiete años. Tu rostro y tu silueta dibujados con el polvo con el viento en la memoria de mis manos, mi memoria grabada en tu memoria. Te dejé una cajita |
Hoy –y supongo que durante mucho tiempo– mi corazón apartado y sereno vibra y refleja las palabras de Alberto Caeiro.
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Não tenho ambições nem desejos. Ser poeta não é uma ambição minha. E’ a minha maneira de estar sòsinho. |
No tengo ambiciones ni deseos. Ser poeta no es ambición mía. Es mi manera de estar solo. |
Estaba vivo
con esa gracia infame de alcatraz
y vi del otro lado
el fondo infame
el manto atroz
silencio en avanzada.
Ninguna palabra mía podía dibujarse,
como una sombra percibían el lugar que yo ocupaba
ya no tenía forma
veía el mundo en caída libre
sin agua.
Un biombo separa la ignorancia
y el pudor es un perfume que
nos abre la puerta equivocada.
¿Quién es el dueño de los colores,
el señor de los engaños?
Nos tiene escondidos de un lado del biombo:
lánzame para siempre, escuché tiernamente.
Además del loísmo, Roberto Bolaño en Los detectives salvajes utiliza dos o tres trucos bien montados, que atraen, que te mantienen con el libro o el PDF abierto.
Primero. Los personajes son desenfadados, incluso los que son más obsesivos parece que pueden olvidar algunos detalles sin importarles mucho. Hasta parece que se jactan de su mala memoria. Es una suerte de que les importa más la atmósfera de sus recuerdos que los recuerdos en sí. Eso gusta mucho en una novela para lectores de hoy. De verdad, no necesitamos más estrés. Al menos no cuando venimos a escoder un ratito para leer una novela en español en medio del caos (encantador, sí) de India. El espíritu ligero también se deja notar en la forma como los personajes se pueden quedar tranquilos ante respuestas esquivas o, incluso cuando no reciben respuesta a preguntas amables y hasta oportunas. Cuando narran, nunca expresan incomodidad, mucho menos enfado, por la intimidad o privacidad acentuada de algunos otros. Si no les contestan o lo hacen con un breve “no lo sé”, nunca se quejan. Yo quiero dominar, enseñorearme de esa cualidad. Tengo poco tiempo que ya me estoy tranquilo con esas respuestas, incluso de pronto, ya puedo hasta disfrutarlas ligeramente. Pero quiero estar seguro que ya siempre estaré sereno con ellas.
Segundo. Los personajes, que también son narradores –como indirectamente mencioné arriba–, gustan mucho de guardarse cosas para sí. Contestan algunas cosas a los otros personajes y se guardan algunas cosas para narrar su perspectiva. ¿Qué se habrán guardado exclusivamente para sí? Como siempre sucede con este tipo de técnica, después de algún número de páginas, el lector se siente mucho más cómodo que algunos personajes en la historia, más seguro, digamos. Esto también ayuda a neutralizar el estrés que cualquier narrativa imprime al lector. Leer una historia es muy parecido a regresar a ser niño, quizá por eso nos guste tanto leer novelas. Los niños nunca saben ni por qué están donde están ni por cuánto tiempo realmente estarán ahí ni exactamente dónde están relativamente con otros lugares donde han estado antes. Siempre se les informa el guión de su vida. Por eso es que una vez que dominan un nuevo lugar y se sienten cómodos jugando ahí y creando su propio micro-guión en ese escenario, no lo quieren dejar. Chingá, ya me adapté aquí, ya sé cuáles son los elementos con los cuales tengo que negociar e interactuar aquí, me estoy divirtiendo y ¿justo ahora quieres que me vaya de aquí? No, no me quiero ir. También por eso, me explicaba alguna vez un amigo casado con una sicóloga infantil, los niños gustan tanto de ver muchas veces la misma película o caricatura. Se la aprenden y entonces sienten que están en control de la situación. Un oasis de orden y poder en una vida caótica y subordinada. Pues así, Bolaño nos regala confidencias que nos dan un poco más de seguridad como lectores que, apostaría, varios personajes matarían por alcanzar. Sin embargo, tampoco lo arruina todo y puede mantener, al mismo tiempo, una tensión suficientemente atractiva para continuar pasando las páginas en busca de paz, del fin del laberinto.
Ahora sólo recuerdo esos dos. Si me vienen a la cabeza algunos otros, prometo compartirlos: aún no puedo ser tan esquivo.
También debo decir, mejor celebrar, que Bolaño tiene una capacidad creativa, una invención tan abundante como la lluvia del monsón. Y eso no es truco, eso es talento, genio, trabajo. No digo nada nuevo, pero quería decirlo.
Tengo que decir que me molesta el loísmo de Bolaño. Van tres que he notado (supongo que no he dejado de notar ninguno: soy abominablemente quisquilloso) hasta la página 256 de Los detectives salvajes. De otro lado, la novela me ha parecido buena. Aún no tan fuera de serie como para crear una nueva era en la narrativa latinoamericana (como lo hizo en su momento Cortázar y en su -otro- momento García), sin embargo, siento que algo grande va a pasar en la novela, no sólo en la historia de la novela (aunque eso también va a pasar, de eso no tengo duda), sino en la novela en sí, ¿me explico? Por cierto que la dupla Gárcía Márquez me parece muy parecida al binomio López Obrador. Es decir, parece que uno no puede nombrar a García sin decir Márquez porque los editores y quizá el mismo García se duelan de ello. Pero a todos los demás, tanto en la política como en la literatura, se les conoce por su apellido paterno. La oficina de comunicación del PRD no permite que a López se le llame así, sino López Obrador. Claro en su caso es aún más pedante, porque tampoco se le puede llamar Andrés López Obrador (para no hablar del imposible Andrés López o simplemente López, como se refieren a Calderón o a Fox o a Bush o a cualquier otro). No, o López Obrador o Andrés Manuel López Obrador, no más. Me gustaría que con esa lucidez y agudeza para hacer críticas en materia pública que en algunas ocasiones identifica a los lopezobradoristas, alguien se lanzara a contar cuánto nos cuesta en tiempo y dinero decir miles de veces en televisión y radio Andrés Manuel López Obrador versus Andrés López y todas las diferencias similares (no se me juzgue mal, yo aprendí, por un lado, a hacer estas reflexiones con los ejemplos que los lopezobradoristas han compartido entre los mexicanos, y por otro, otro Gabo –López-Calva, sí éste incluso con guión– me instó a pensar en algunos oximoron al día). Ahora bien, el caso de García, hay que decirlo, tiene una salvedad soberana, bien armada y con un appeal que hace callar fácilmente la observación: la gente le puede llamar –y lo hace– familiarmente Gabo aunque jamás haya cruzado palabra con él. Dicho eso, no deja de darme un poco de comezón esto del García Márquez en vez del García llano. Todo me fuerza a pensar que los directores de imagen consideran que apellidarse López o García no vende, al menos en política, periodismo (Gabo era periodista y desde ese tiempo, espero en bien de mi post, se le conocía como García Márquez) y literatura. Habría que añadir que ni en ebanistería, recordemos los muebles López Morton (que aunque muy probablemente son los apellidos de la familia no me importa, yo continúo con mi discurso). Pongamos algún orden aquí, está claro que la influencia de López en la decoración de los hogares mexicanos no se compara con la de López o García en sus respectivos intereses y por eso lo habíamos dejado de lado: en este post, faltaba más, sólo hablamos de asuntos de extrema importancia y si se puede, de urgencia notable también. En consecuencia –regresando a López, el político y García, el escritor– los mercadotécnicos agradecen a dios o la justicia que tan talentosos exponentes en su hacer, cuenten con otro apellido que les regale, política y bibliográficamente respectivamente, algunos puntos del márketshare. Está claro que si no les hubiera sonreído la suerte materna como lo hizo, literalmente estos artistas de la imagen podrían reclamarles, al menos, que qué poca madre.
Como iba diciendo, el loísmo de Bolaño aparece, en promedio, cada ochenta y cinco un tercio páginas de buena narrativa. (¿Por cierto, cómo se escriben con fluidez, para que no resulten pesados para un lector de buena voluntad, los racionales no enteros en español en medio de un texto en prosa? Carajo, qué complicaciones: me gustaría poner la expresión aritmética tal cual, pero se ve horrible. Por lo menos, esta vez, pude escoger una manera que no me causó salpullido. Se aceptan sugerencias). Volviendo a la cuenta de las ochenta y cinco un tercio páginas de Bolaño por cada evidencia de loísmo y dejando de lado que yo quisiera poder escribir unas, aunque sea un conjunto de ochenta y cinco páginas (regalándome el tercio) de buena narrativa, me gustaría preguntarle que por qué lo hacía, por qué. ¿Acaso fue un vicio peninsular que se le pegó y Bolaño no se dio cuenta? Lo dudo. ¿Será que se dio cuenta que comenzó a hablar y escribir diferente y le valió madres y hasta lo celebraba, como diciendo, sí pinches latinoamericanos en Latinoamérica, ahora hablo y escribo con algunas notas peninsulares y qué?, ¿o quizá lo hacía intencionalmente porque quería descubrir voces mediocres que, en vez de hablar del fondo amplio y la estructura explosiva de su novela, se concentraran en nimiedades que cualquier estudiante altanero de secundaria pudiera traer a la luz exponiendo el asunto como un tema de pesada erudición? Bolaño era capaz de esto último, ni duda cabe. Sí, cómo me gusta el humor de Bolaño, ora en sus textos, ora en su vida. A veces lo veo echado en un sillón riéndose de mí o de gente como yo. Por alguna razón, en el caso de él, me cae bien. Debe ser porque lo admiro. Caray, cuando alguien tiene la vida que tuvo Bolaño entonces se gana el derecho a decir en voz alta qué actitudes de algunos obedecen más a limitaciones y complejos que a otra cosa. Incluso se le agradece que se burle y que hable con claridad de ello. Inteligente y brillante seguro siempre lo fue. Pero lo que logró hacia el final de su vida fue esa rara y diamantina cualidad del equilibrio entre la burla aguzada y la prudencia política. Desgraciadamente (siempre cabe preguntar cuando uno dice desgraciadamente, ¿o afortunadamente?) no pudo escapar a la tentación de vivir una vida de novela, de ver sus propios días como parte de una historia (deja tú si fantástica o heróica, una historia narrable) donde sólo una enfermedad terminal puede vencer al protagonista, nadie más. Bolaño no hizo nada, o mejor dicho, no hizo todo para conseguir un hígado sano antes de que fuera demasiado tarde. Casi adivino que él mismo se debatía entre seguir el guión de la biografía en la que ya había invertido casi 50 años o hacer algo para echarla a perder. Casi lo imagino contestándose en términos de comparaciones sobre las líneas de tener una vida intensa (aunque quizá corta) y literariamente acabada o una donde la tensión se relaje y, peor aún, se distribuya durante más tiempo. Esos antecedentes explican fácilemente el hecho de que desconozca su segundo apellido. Él es Bolaño, en todo caso Roberto Bolaño. Nada más. Nadie menos.
(Con ese final me veo obligado a tomar un riesgo innecesario y desbalancear aún más el post: añado un caso que parece comprobar mi teoría sobre la imagen de un artista o político en referencia a sus apellidos: Gómez Bolaños. ¿Por qué Chespirito no es Roberto Gómez, sino Roberto Gómez Bolaños? ¡Chespirito, por dios!).
(Aclaración no pedida, acusación manifiesta, toma dos: López Calva es mucho más divertido que los otros ejemplos. López Calva ha servido en numerosas ocasiones para vertir humor y/o creatividad lingüística y folklórica (albur). Nada más considere las siguientes variaciones a un tema poblano: lopezcastes, lopezculpas, lopezcantas, lopezkywalker ó lopeskywalker, lopezcagua. ¿Lo ven?, no todo cae en el mismo cazo. Ojo con las semiótica de Sanborns, simplista y estereotípica, que ni es semiótica y representa un serio un peligro para el juicio y la fama).
Es una pena que en India las noches sean ilegales. Ni vender biryani de huevo es legal aquí después de la una de la mañana. Sólo en los hotelones se vale tener coffee shops abiertas toda la noche. Entonces, me veo forzado a venir a estos lugares de mármol. Silos que no me dejan respirar bien a la India que más me gusta. Como me dijo un alemán esta noche mientras oíamos a una cantante extraordinaria de jazz, este hotel es como cualquier otro en cualquier otra parte del mundo. La cantante india no lograba proyectar el glamour que una cantante de jazz quisiera para equilibrar la voz y la figura. La voz era redonda; caramelo y pimienta, sugerente por demás. La comparación me la guardo porque no sería justa o al menos, no sería prudente.
En este mismo hotel, en el bar, te venden un café (illy, hacen la aclaración) por 350 o 450 rupias (80 ó 110 pesos). A cinco minutos, en una esquina venden café con leche bien azucarado por 3 rupias. En el coffee shop (déjenme, por Dios, seguir llamándole así) debe ser más barato que en el bar, porque no aclaran que sea illy ni te dicen sir por cada dos palabras que pronuncian. El lugar es encantador, pero está claro que me ayudaría a escribir mejor un lugar donde haya menos inversión extranjera directa.
Decía que las noches son ilegales en India. La policía se asegura que no haya comercio culinario después de la 1 de la mañana, sin mordida. Con mordida, no más allá de las 2.30 de la mañana. Ser escritor aquí debe ser difícil. Los escritores gustan de la oscuridad para escribir. No debe ser cierta esta frase, al menos no del todo, pero la escogeré para generar controversia la siguiente vez que esté aburriéndome en una conversación con más de dos personas, o cuando comience a temer que me voy a aburrir pronto.
De noche extraño el DF. Extraño las taquerías. Pero sobretodo echo de menos El Popular en 5 de mayo, su café con leche y esas enchiladas con salsa de chile de árbol a las 3 ó 4 de la mañana. En Andheri West el egg bhurji es delicioso y el biryani de huevo también. Es callejero, barato y todo lo que un bohemio-wanabe necesita para vivir contento. Pero no lo encuentras después de las 2 de la mañana. India me complace, me satisface del todo, excepto de 2.30 a 6.30 de la mañana. Justo la hora en la que escribo estas líneas desde las sillas casi-groseras que la inversión extranjera en India colocó aquí con wireless y buffet.
Con toda la narrativa que he consumido, digerido en estos días, ya debería tener historias de sobra bien armadas de mi paso por India.
Las ganas de ser narrador en vez de poeta me vienen de recién. Hasta puedo decir que me siento raro diciendo que quiero escribir prosa. Quizá todo sea por mi pasión por mimetizarme. A ver, hay que dejar claro que es diferente mimetizar que mimetizarse. Eso queda mucho mejor cuando uno viaja. Yo me hago otro y me pierdo. Ser todos para no ser nadie cuando viajo. ¡Qué frase más cursi! Bueno, ni yo sé bien qué hago viajando.
Y tampoco sé si decir que me gusta leer más poesía que novela. Cuando comencé a leer, quiero decir, a leer de de veras, yo leía novela. Creo que es un comienzo más bien común.
La poesía como pasatiempo de un villamelón la tomé al terminar la universidad. Cuando dejé la vocación por el Opus Dei. Digamos que de fascista a lector descuidado de poesía. Así lo digo aunque no sea cierto. Cuando yo dejé el Opus Dei me la pasé leyendo ensayo. Necesitaba ideas poderosas que limpiaran, que removieran el moho que las ideas recalcitrantes de Barbastro habían dejado en mi conciencia. La poesía vino un poco después. Mucho después me entusiasmé por las biografías. La de Wittgenstein ha sido la que más he disfrutado.
¿Habrá quien que a la pregunta de y tú qué lees, responda yo leo la wikipedia, así directo y desfachatado? Yo creo que sí. Incluso creo que no se requiere tanta ligereza para articular una respuesta así. Todo tiene que ver con mis prejuicios.
¿Por qué no duermo?, ¿por qué invento que tengo que mantener mi blog y no dormir? Me duele el ojo izquierdo, creo que ya debo tener un derrame, pero como sea, no me voy a la cama. Prefiero estar en este lugar de mármol y consumiendo tanto café como mi estómago logre soportar. Son las tres de la mañana. Veo a la primera pareja besarse a plena luz artificial en un coffee shop en 6 meses de estar en India. Bien valió la pena la espera y la vigilia. Hoy no tomé chai, sólo café.
Namaskar.
En este tercer viaje ya he hecho dos cosas importantes que no había hecho en India: viajar en los trenes locales de Mumbai e ir al cine a ver una película bollywoodense. El tren local no fue gran cosa. Me gustó ver a la gente ahí, el ritmo del tren, el bochorno, las sonrisas cuando saco fotos. Sin embargo, a decir verdad, tampoco encontré gran riqueza en la experiencia: íbamos Sunil, Prafull, Kshitij, Mahendra y yo hacia un bar en el sur de Mumbai –Leopold’s–. Un lugar al que fui en alguna ocasión anterior.
Pero regresando al tema del tren local, si quiero alguna emoción y alguna experiencia sin protección de mis amigos maharashtras, tengo que ir solo. Sí, tendré que encarar el ligero problema de que prácticamente todos los señalamientos están en hindi, usando devanagari como sistema de escritura. Ir solo es un poco aventurado pero es justo lo que, si estás a 16,000 km de casa quieres hacer. La gente en la oficina me dice que no vaya. Me repiten eso porque les da miedo que me asalten o que me pierda. Son muy gentiles, de verdad. Creen que quizá me sorprenda algún carterista o algún tipo de ladrón de ese nivel: si vieran el entrenamiento que uno recibe en el metro de la Ciudad de México. Por otro lado, lo de perderme no me preocupa. Regresar es muy fácil. Los departamentos en los que estoy viviendo están muy cerca del aeropuerto y cerca de una vía rápida. Cualquier taxi o rickshaw me puede llevar de regreso sin problema. Incluso, siendo sincero, me da un poco de pena no poderme perder de veras.
Ir al cine sí fue otra cosa. Kshitij compró los boletos a medio día. Antes de ir al cine fui de compras. Era Día de la Independencia y había descuentos muy buenos. Prafull me acompañó al Oberoi Mall –uno de tantos modernos, limpios, espaciosos malls que pueblan Mumbai. No llovía cuando llegamos. Tampoco había señales especialmente amenazantes en el cielo. Cuando salimos 70 minutos después de haber llegado estaba lloviendo a cántaros. Nos mojamos pero llegamos a tiempo al cine. Kshitij tardó un poco en llegar. Sunil ya nos esperaba. La primera sorpresa fue que los boletos son numerados, con asiento numerado como en el teatro. Ellos dicen que está muy bien porque está bien organizado. Yo digo que les generan la impresión de ir a un espectáculo, más que una función repetitiva. La película, lo sabía –yo mismo escogí el filme– fue un churro bollywoodense, pero quería ver en pantalla a la misma pareja que me atrajo por vez primera al cine de Bollywood: Akshay Kumar y Katrina Kaif. Vimos Singh is Kinng. Es paradójico pero lo más emotivo de mi experiencia en el cine sucedió antes de que propiamente empezara la función. Antes de pasar la película ponen el himno nacional con la bandera en todo lo ancho de la pantalla. La gente se pone de pie y canta. Sí: ¡canta! Es decir, uno entiende que la gente pueda seguir con los labios la letra del himno. Pero que canten como para que se oigan sus voces, eso sí me conmovió. A los que me conocen no les sorprenderá que terminé con muchas lágrimas en los ojos estando ahí parado.
La película tenía todo lo que esperaba: canciones, bromas del nivel del Chavo del 8 (pastelazo, tropiezos, etc…) una y otra vez, historia de amor improbable que termina realizándose y algunos discursos conmovedores. No entendí palabra por palabra nada. Las películas están habladas en hindi y no hay subtítulos (¿como para qué habría si la gente habla hindi?). Pero entendí toda la película porque es obvia. No me sorprendió mucho, pero no dejó de llamarme la atención que la gente se riera con las bromas del Chavo del 8. El otro punto es que las películas tienen intermedio. Sí, lo escribí bien: las películas. En el momento donde el enredo está en su cumbre, ahí la película se detiene y el máster original dice: “Intermission”. Me recordó (como muchas cosas en India en términos de infrastructura y de moda –más sobre eso en algún post en el futuro cercano) al México de los 70 y principios de 80. Me encantó ver el tipo de golosinas y botanas venden en el cine (aunque sí hay palomitas).
Después fuimos a cenar Sunil, Kshitij y yo a un lugar de biryani en el norte de Mumbai. Estaba decente, pero era la víspera de mi visita a Hyderabad y mi corazón está puesto en ese tercer biryani vegetariano de Gufaa en Basheerbagh. Por cierto, estoy en Hyderabad ya y a punto de ir ahí. Ya les contaré si sigue siendo mi lugar favorito.
Y creamos,
Kanchenjunga,
con las palabras
que nacieron de las manos
un río rojo
alimento del silencio,
sonrisa de la muerte,
oscuridad de la memoria.
Fondo manso y
dolor que bebemos sin decirnos.
Cargamos el subsuelo
que lo sostiene
obstruyendo
su caída de acero.
Volverá a caminar
en el futuro incierto.
Hay noche
en sus aguas.
Secreto de rocas-camaleón
en nuestro deseo
ahogado, callado.
Cruzó un río por nuestra boca.
Manantial
nacido de nuestras entrañas
alimento de jabalíes,
instrumento de nuestra herida.
¿Y ahora cómo le hago si he olvidado cómo vivir? Olvidé mi nombre y mi sobrenombre. Me pongo a caminar por la ciudad y olvido todos mis pasos. El mundo me hace cuágulo, renacuajo, chipote. Olvidé cómo comer. Trago pero no como. Estoy bajo la lluvia y me acecha la angustia porque he olvidado cómo nadar y cómo secarme. El trabajo es un recuerdo nebuloso, gris. Las caras, los avatares todo me resulta familiar, excepto yo. Es decir, no es que no reconozca mi rostro o mi ombligo. Sí, son los mismos camaradas de siempre. Pero es la percepción de mí mismo la que me abandona, la que salió por la puerta o la ventana y no ha vuelto.
No sé si esta es la experiencia de la muerte, si lo fuera estaría muy decepcionado. Esta sensación es insípida, ni siquiera se ocurren poses heróicas, frases románticas con las que cubrirse el frío. No, nada. Si la muerte fuera esto, de verdad que qué desilusión. Tanta palabra, tanto arte, tanto odio y amor por la muerte para que resultara este vomitivo insípido, insaboro que hoy tengo. Por eso no. No lo creo. La muerte debe ser otra cosa. Lo mío es peor, más desagradable.
Lo mío es el olvido. He olvidado. No me recuerdo. Estoy sujeto y no conozco lo que me sujeta o al menos, digo, lo he olvidado.
Yo soy polvo, olvido, deshecho. Eso ya es mucho decir. Decir en altavoz yo soy tal y cual es una grandilocuencia que no me queda. He olvidado quién soy, cómo es que se vive, para no hablar del para qué. No sé si yo sea polvo olvidado, sólo sé que estoy olvidado de mí y de los otros.
Sólo conservo un recuerdo. Suficientemente doloroso para preferir no ir en busca de otros más ni de generar nuevos. Ese recuerdo sustituye y conforma todo. Desaparecer en el olvido.
Estoy muerto y no quedo en la memoria de nadie. Estoy muerto y maldigo la muerte y mi memoria que ha dejado de asistirme. Olvido del deseo y del rechazo.
Olvido del olvido y de mí, olvidado.
Vida olvidada, muerte que no se olvida.
Mucho se discute sobre el uso de India, indio, hindú en el español. Aquí algunas referencias que ayudarán a disipar las confusiones conexas a este tema.
Podemos leer en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española la entrada “indio, dia“:
indio, dia.
1. adj. Natural de la India. U. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo a este país de Asia.
3. adj. Se dice del indígena de América, o sea de las Indias Occidentales, al que hoy se considera como descendiente de aquel sin mezcla de otra raza. U. t. c. s.
4. adj. Perteneciente o relativo a estos indios. Traje indio. Lengua india.
Ahora leamos sobre “hindú”. Podemos leer su definición también de la vigésima segunda edición:
hindú.
(Del fr. hindou).
1. adj. Natural de la India. U. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo a este país de Asia.
3. adj. Perteneciente o relativo al hinduismo.
4. adj. Partidario del hinduismo o adepto a él.
Que ya nos indica que es una traducción del francés. El problema de esta voz es que puede confundir el gentilicio con la religión. En India hay más de 300 millones de musulmanes que se ofenderían si les llamamos hindúes. Atendiendo a este problema y reconociendo que “hindú” viene a nuestra lengua por una traducción directa del francés, la Real Academia Española, en su sitio web, ya da el avance de la siguiente edición del diccionario enmendando esta entrada:
hindú.
(Del fr. hindou).
1. adj. hinduista. Apl. a pers., u. t. c. s.
2. adj. Natural del Indostán. U. t. c. s.
3. adj. Perteneciente o relativo a este subcontinente.
Donde queda claro que la primera acepción se refiere a la religión.
Sobre la mención del país (India) sin artículo, la Real Academia Española nos dice en su Diccionario Panhispánico de Dudas:
India. En español, el nombre de este país de Asia se usa preferentemente precedido de artículo: “Un sismo demoledor sacudió ayer la India y Pakistán” (Siglo [Pan.] 27.1.01). Su uso sin artículo, que se da especialmente en textos periodísticos y que puede deberse en parte al influjo del inglés, no es incorrecto, aunque sí minoritario y, por ello, menos recomendable: “La primera ministra de India, Indira Gandhi, perdió las elecciones en 1977″ (NHerald [EE. UU.] 11.1.98). Su gentilicio es indio, aunque también es admisible el uso de hindú.
Recapitulemos:
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Para Marta y Mauro. Anfitriones mágicos. |
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Te pierdes en el canto, en el borde: nadas con la frontera y el pie compartido amistad ojos verdes y azules yara, mauro, marta, magia, yuri una cuadra de caballos un llavero inexistente no, creo que no lo haremos una nota en medio de una novela las palabras a ti es a la que sueño |
Un poco antes de medianoche, ayer morí.
Resucité a partir de las 7.15 de esta mañana en una esquina extraña y fría.
Resucitar no es fácil. Se require voluntad y unas manos que tomen tu cara. Resucitar es confuso. Se logra lentamente.
Absolutamente necesario, irremplazable es el efecto sobrenatural que todos los elementos de Kanchenjunga logran. El origen de la vida se encuentra en ellos.
Morir es negro. Dejar de ver. Ser envuelto por un solo elemento. Horrible, oscuro.
Todo el campo visual se concentra en un solo asunto denso y negro.
La muerte es la muerte, dijo el poeta japonés. No valen poemas ni imágenes. Su realidad es el vacío, la ausencia de realidad.
Ayer morí.
Vivió un domingo complicado.
Piensa.
Siente.
Duerme.
Lee.
Está acomodando muchos sabores
Está rompiendo los sillones en dosis pequeñas para asimilarlos a tiempo.
Para distinguir los nutrientes
Para separar las sombras
Para levantarse de mañana
Entera
Brillante
Cordero en cuello, más elevada que el Sol
Toma electrolitos
Camina sobre almendras que le prueban su equilibrio.
Sus labios son una dirección azul donde uno adivina el horizonte
Palabras
Voluntad
Desenvuelve sus sábanas en el devenir
Cuando las retira nuevos pilares aparecen
Vienen cardenales a beber y armadillos a recrearse
Pienso su cadera precisa donde toman fotos las nubes y los amaneceres.
Hoy mi mamá cumple dos años que falleció. Está bien, así se dice y la gente entiende qué cara tiene que poner y emplea sus herramientas de empatía y demás. Todo eso es sabroso y bueno; yo mismo lo hago y disfruto dar soporte a los amigos. Otras formas honorables que me divierten incluye entre otras “se nos adelantó”, la simplona “murió” y cuando el deceso es muy reciente es muy común que la llamen “el cuerpo”, “el cadáver”, “la finada”, “la difunta” o más mexicanamente “la difuntita”. Todas esas son honorables; se pueden decir en casi cualquier foro y circunstancia.
Pero los mexicanos tenemos formas más chuscas para llamar a la muerte y celebrarla. Y me gusta también contar así que mi mamá murió. Así que aquí van esas formas, mezcladas con algunas reflexiones rápidas. Así es como más me gusta mencionar mexicanamente la muerte de mi mamá.
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Mi mamá chupó faros hace dos años. Ayer un familiar muy cercano trataba de recordar algo que había pasado y decía que tenía como 2 años o más de eso y dadas las circunstancias del hecho, estaba implícito que mi mamá ya había bailado para ese momento. Ese episodio pasó hace poco más de un año. Lo que resultó revelador para mí es que, a pesar de que mi mamá colgó los tenis hace apenas dos años, hay familiares muy cercanos que ya muy pronto perdieron del radar que hoy mi mamá cumple dos años de que se la cargó el payaso. Está bien, yo tampoco soy adorador de aniversarios. Es más, no estoy seguro que hoy sea el mero día. Cuando tomó pista lo último que hice fue memorizarme la fecha. Tuve otras cosas más íntimas qué pensar y sentir. Pero, como sea, me llamó la atención.
Revisando con más cuidado toda esta situación, creo que no se puede decir que mi mamá cumpla dos años de que se la chupó la bruja: mi mamá ya no cumple nada. No existe más, de modo que no es posible que realice acción alguna. Somos nosotros, más bien, los que hemos vivido dos años más desde que a mi mamá se la llevó la dientona.
En estos 24 meses desde que mi mamá estiró la pata he reconfigurado muchos elementos que ella dejó en mí a pesar del sano distanciamiento que tuvimos por algunos años. Desde que entregó el equipo, yo he podido volver a pensar y acercarme a mi mamá con mayor confianza sabiendo que más daño no podrá venir; por el contrario, puedo volverme a ella y, por un lado curar y entender, y por otro, reentontrar algunas joyas que había en su proceder.
Recuerdo el momento justo cuando se petateó, después de una agonía de 48 horas, más o menos. Creo que es el recuerdo que más dolor me causa de todos los que tengo. Ella no quería clavar el pico, incluso después de que el corazón reventó, aún tuvo el reflejo de volver a respirar una vez más. Ese fue el último. En ese instante no sólo ella mamó, sino también muchas cosas más. Sin embargo, se trata de una muerte que, estoy decidido, tiene que servir para muchas cosas que ella hubiera querido hacer bien y que no pudo hacerlas así. Tengo algunas tareas que terminar antes de que me lleve Judas.
Mi madre se fue a Morelia. Su familia es de Michoacán y justo pasó algún tiempo de su infancia por allá. Para los que gustan de ver todo como un ciclo, pues ahí está otro más para su colección.
Eventos simpáticos, por llamarles de alguna forma, los hubo cuando se supo que ya morongas.
Le avisamos al servicio funerario. El diálogo no lo escuché pero lo adivino (cualquier mexicanismo es de mi autoría, Andrea, quien avisó, quiso mucho a mi mamá y la cuidó heróicamente, fue una muestra infinita de amor y cuidado):
- Llamo para decirles que ya bailó Berta las calmadas.
- ¿Yamamoto?
- Sí, ya caminó.
- Bueno, terminamos de comer y vamos para allá.
Pasaron como 40 minutos de que mi mamá se había enfriado y el servicio no llegaba, entonces volvimos a llamarlo, porque ya querían llevarse el cadáver. Aquí el diálogo (de nuevo, los mexicanismos son míos):
- ¿Bueno?
- Sí, ¿qué pasó?.
- Pues ya ve que a Tony se la llevó Pijas, necesitamos que vengan ya.
- Ah, sí. Es que vinimos a comprarnos unas chamarras porque teníamos un poco de frío. Pero ya vamos para allá.
Claramente yo no juzgué ni juzgo la reacción del servicio funerario. Cada quien reacciona cuando a alguien se lo carga la huesuda de manera diferente, cada quien se protege de forma diversa y con todo derecho. Pero como sea, la anécdota es una joya.
Estaba soñando que finalmente nos dejaban solos, vaya que deseo eso. De bote pronto quise continuar mi sueño y le llamé. Pudimos disfrutar de algunos minutos antes de que entrara en el sótano. Ahí conoce personajes muy divertidos. Le dan dinero por estar en el sótano. Parece que hace algún trabajo de valor ahí dentro. Es un sótano conocido en el medio. Incluso es un orgullo poder entrar ahí todas las mañanas.
Un día nevará tanto que el sótano crecerá como un edificio muy grande. Todos lo verán, como verán por qué entrelazábamos los dedos cuando éramos niños y sosteníamos la cabeza con las manos entrelazadas.
Ya muy pocos recuerdan que de niño uno aprendió esas cosas, como poner los dedos entrelazados. Uno jugaba a rotar las manos así y ver qué tan resistente era esa primera estructura. Uno va por la vida repitiendo eso. Construye estructuras, entrelaza vidas y luego, por distintas razones, se alcanza a ver la flexibilidad del ambiente en el que uno ya está suscrito.
Desperté en casa de alguien más. Reconocí el lugar al instante. Pude equivocarme: me cubría una cobija pirata. Bien hecha, pero pirata. No tiene las huellas de mis noches. Veré de nuevo a quien me sacudió ayer. No hicimos análisis; insistió que debería volver a pensar alguna decisión que había tomado treinta días antes. Ojalá traiga un espíritu menos combativo. No quiero que me contagie.
Las licencias perennes ayudan a dar riqueza al lenguaje. Perenne, permanente significa mientras dure este gobierno o, en el mejor de los casos, mientras la cúpula actual continúe enseñoreándose del órden público.
Hoy caducó mi permiso para ser Sancho Panza indefinidamente. Por alguna razonada sinrazón expiró. Fue declarado con un discurso y todo. Aún está válida mi licencia, pero su inminente caducidad fue anunciada. Se comunicaron, a modo de respuesta, algunas medidas pertinentes que educarían lo mismo al ojo crítico de la más intolerante calaña que al anciano que observa pausadamente todo lo que acontece.
Queda al lector decidir si el permiso falleció por cualquiera de las siguientes opciones: la abultada panza; el sarcástico sancho; ambas; ninguna o fue el incesable tiempo.
había renunciado a pronunciar la mantra
conocimiento cotidiano
fenómeno
bailas
cantas
sonríes
fenómeno
monstruo
ahí estás para que te repita
volteo
espero mi espejo
cotidiano
rompes
matas
destruyes para construirte encima de él
mantra
regalas
tres metros sobre tierra
hubeli
qtab
aureli
ciclo infinito
progresión geométrica
necesito tu agua
tu lluvia
tu voz
monsón mágico
No cabe duda de que la RAE tiene un pasado embriagadoramente católico, recalcitrante.
La buena es que hoy hojear el diccionario es más un pasatiempo de caricatura que otra cosa, un buscar la comedia en medio de viejas usanzas.
¡Que disfruten!
verija.
(Del lat. virilĭa, pl. n. de virīlis, viril).
1. f. Región de las partes pudendas.
parte.
(Del lat. pars, partis).
~s naturales, ~s pudendas, o ~s vergonzosas.
1. f. pl. Las de la generación.
pudendo, da.
(Del lat. pudendus).
1. adj. Torpe, feo, que debe causar vergüenza.
2. m. ant. miembro viril.
yo me voy pa’ matamoros
un lago con leche en manantial
venga una violación
hoy soy tan fuerte que la acepto
estoy manejando de reynosa a monterrey
espero tu llamada
yo quiero ir a los cabos
nadie entiende mi visita fantasma a europa
pagaré el abogado que nos meta a la cárcel
una temporada en el reformatorio psicológico mexicano
cómo se me hacía baba
la boca
quiero tu saliva
ahí yo respiro confianza
no-violencia
decisiones que se hacen sin que tú las sepas
las quieres
las soportas
las apoyas
ahí te haces hombre
y ella mujer
esposita
amante
loca
carolia2
un tío se muere lentamente en guadalajara
bebe y vive de merlot chileno
¿dónde quedó su hígado?
¿dónde quedó el Ph.D. que haría en Mathematical Finance?
tengo entre mis manos el fracaso
lo convertiré en oportunidad:
buenos deseos sanbornsenses
hágase pendejo en sólo 12 pasos
idiotez permanente garantizada
pase
tomaremos oportunidades como otros toman oporto
te ofrezco una disculpa
mi madre me maltrató
mi padre se quedó quieto
como un eunuco
salud a los eunucos que se quedan parados
gracias a su avaricia
de paz propia
eunuco mata propiedad
(quizá tenga que decirlo al revés
¿cómo era papá?)
así grita la existencia de mi padre
le pregunté: ¿al menos te cogiste a otra mujer?
de mi mamá
desconfiaba de su lecho
no había cueva para la vulnerabilidad
felicidad
entre la violencia y
la calma: palabras llenas de amor
así te casas en toronto
así es que recoges nieve en invierno
en el patio seguro de tu casa
no, tú no eres ese
te lo reclamó cuando se moría
te compro un viñedo en Mendoza, linda
ahí estás saltando
ahí tenés tu refri que anuncia que las
argentinas
son las más lindas del
mundo
dónde está ana
dónde está la simpleza femenina
NO HAY NOMBRE MÁS SIMPLE QUE
ANA
los hombres no requerimos nombres simples
o al menos eso decimos para no ponernos debajo de ellas
¿ano?
eso es una mentada de madre
no un nombre
¿anacleto?
aún te recuerdo, viejo
¿quién puede llamarse con un nombre único y simple?
gusmohan
tony
gus
ella piensa que espero un hijo
todo equivocado
todo malentendido
¿cómo llegamos aquí?
¿qué ticket usamos?
sílaba-mentira-traición
no es mía
aún vive con otro
yo vivo con mi edredón
soy
sancho
panza
loca lonja de mi mente
que produjo una tarjetita
que dice con letras de colores:
“licencia-para-amarla”
no tiene caducidad.
“usted tiene permiso de llamarse
sancho panza
indefinidamente”,
me dijo con la mirada fija.
entonces me quedé tranquilo
confío en mi amor propio
¿nelson mandela?
¿gael?
¡el loco de la tía!
Ya lo tenía pensado. Iba a levantarse temprano, tomar la bolsa donde tenía guardada a su mamá y la llevaría a pasear. El plan le salvó de esa envidia que había sentido el año anterior cuando vivió su primer día-m sin madre. Al menos le protegió durante unos días. Tenía la convicción de evitar conversaciones maternales posteriores al día-eme. Todo el espectáculo y proceder terminaría ese día en algún cine de la ciudad o un café acomodado para mamis bien en Bosques, a donde a su mamá le hubiera gustado crecer.
Ernesto no se levantó temprano, había asistido a una presentación de un blog que se extendió hasta que un licuado de mamey tergiversó todas las palabras de los invitados. Cabe informar que desde el estreno de Musofobia, el blog comenzó a cobrar más y más relevancia en los círculos literarios, hasta que se convirtió en el anhelo de todo escritor serio. Las presentaciones de blogs fueron más selectivas que las de cualquier otro género y hasta se construyeron espacios reservados para la puesta online de los que prometían más talento.
Cuando se levantó, buscó entre sus notas la lista de actividades que había planeado para celebrar el día-eme:
1. Bañarme.
2. Cepillarme los dientes. “Después de todo mantendré intimidad en las pláticas con mi madre”, se dijo después de escribir este punto.
3. Localizar en Google Maps los cuatro o cinco destinos de paseo matriarcal.
4. Revisar la pila y el espacio disponible en la memoria de la cámara fotográfica.
5. Entrar a weather.com.
6. No desayunar omelette con queso y aguacate; iba a pasar el día con su madre: cualquier cosa podría pasar.
Salió de su casa pensando que un buen paseo, con sol y aire fresco le acomodaría bien a su mamá. Después de todo, su mamá no había salido ni una sola vez a partir de que llegó a su departamento. Había estado muy callada y con una interacción que no se exageraba si se etiquetara de pasiva en extremo. La había dejado a principio de enero en su cajita café en el clóset de la recámara que da a la iglesia y cuando volvió a mediados de marzo, su mamá seguía ahí, con la misma parsimonia que la había dominado en los últimos 18 meses.
Unos meses más tarde Carmencita, su hija, le pidió que la sacaran de la cajita, pues quería verla. Interactuar con ella. Desde ese día, la mamá de Ernesto disfruta de la luz solar, a través de la ventana. Ha presenciado atardeceres que dejarían boquiabierto a cualquier topo que recuperara la vista. Carmencita había tenido una relación muy estrecha con su abuela. Pero tenía tiempo que eso había cambiado radicalmente. Ernesto le insistía asiduamente que le llamara a su nieta, que dónde había quedado esa pasión, ese amor por la pequeñita. Nada. Ni una sílaba. No podemos culpar a Ernesto de que la declarara clínicamente deprimida. Cuando Carmencita le llamaba fuertemente, con esa energía y desenvolvimiento que la caracterizan, Ernesto volvió a guardar una pizca de esperanza. Nada. Ni una palabra, ni una caricia.
El día-m, Ernesto finalmente tomó algunas fotografías. Caminaron (en realidad su mamá no hizo ningún esfuerzo, se negaba tácitamente a caminar) del Zócalo al Hemiciclo a Juárez y no conversaron ni una palabra a pesar de que Ernesto le hablaba con un cariño ejemplar. “Mamita, pero anímese. Le he preparado un día muy especial. Si usted coopera, seguramente se divertirá mucho y cambiará ese rictus tan pulverizado que mantiene desde hace meses”. Nada. Ni un guiño, ni una sonrisa. Nada. Sólo se mecía con cada paso que Ernesto imponía en el asfalto.
Como sea, él la pasó bien. Su mamá le pasó el día lo mismo que cualquiera anterior. No probó su pastel ni el arroz con mole poblano que tanto disfrutaba años atrás. Ernesto sólo tuvo como consuelo que parte de su mamá estaba viva y saltarina en cada célula de su propio cuerpo: mitad su madre; mitad su padre. Desde ese año decidió no festejar a su madre directamente, ya había tenido suficientes desaires. Lo haría a través de lo que él mismo poseía de ella.
Any resemblance to actual persons living or dead or to any real events is purely coincidental.
Kanchenjunga es Patricia entre patricias.
patricio, cia.
(Del lat. patricĭus).
4. m. Individuo que por su nacimiento, riqueza o virtudes descuella entre sus conciudadanos.
Éste lo escribí allá entre mayo y junio de 2002, cuando visitaba a menudo la guarida que crea la intersección de Vicente Suárez, Saltillo y Nuevo León.
Con un par de mandarin tonics pude entregarlo al papel.
Con suerte regresó 6 años después y pude pincelarlo. Como quiera, no era justo quitarle ese olor a rancio. Sólo lo pincelé, no lo traicioné. Así nació: no iba a torturarlo. Le quité y le modifiqué algunas voces; el sentido y la superficie persisten.
Acá lo comparto para que no vuelva a extraviarse.
Rexo
Apenas rexo tu presencia
y triunfas
sobre ventanales
de luz alcohólica
y mentira a sombras.
Nada persiste
sobre tu voz y rostro
que saturan la imagen
que el Rexo forma
delante de mis ojos.
Yo rexo si estás.
Rexar es fingir ser un comensal
con el truco a medias
de seguir tu línea
robar tu aliento
y mal-versar tu cuerpo.
Ojeo sonrisas de otra mesa:
no logran desviarme.
Mi trayectoria
la trazas decididamente
en este sitio.
Un mito que se encarna
entre tu semblante y tus pisadas
ha cazado mi mirada.
En esta comarca
mi vista carece de opciones:
no tengo variedad
y te celebro.
Todo lo que contiene
la frontera de cristal y aluminio salmonado,
el sabor de los arenques
y el desplazamiento gentil de los licores
te pertenecen inmemorialmente.
Un dios erguido
te declara dueña
de cada sitio que caminas.
Yo sólo soy testigo
de tu modo
soberano
de poseer lo que transitas.
Ahora mismo me atraviesas.
El individuo que me introdujo al mundo de la novela gráfica fue Sunil Pai. A Sunil lo conocí en Hyderabad, India, pero el pitazo me lo dio en California, en junio de 2007. Yo comencé desconfiado a introducirme a ese mundo. Debo confesar que aún no lo hago como la gente.
Compré Blankets gracias a que Sunil, como es típico en la gente que amo, la recomendó elocuente y enerfrenéticamente. La regalé con ganas de que me la prestaran pronto. Antes Ramya me había regalado La Perdida, una novela gráfica en inglés que sucede en México.
Hyderabad goza desde hace un par de años, quizá más, de una fiebre por la novela gráfica. El centro de operaciones del tornado sucede en Pramati. El conjunto de golosos gráficos tiene una intersección no vacía con el equipo de offshoring con el cual convivo (remotamente y no) mucho. Hay un audaz personaje que importa cuanta novela gráfica puede y la revende a precios que cubren el coste. No es negocio: es amor gráfico.
- ¿Recuerda su desconfianza a la novela gráfica?, ¿llena de prejuicios cultistas? ¿La recuerda?
- Ajá
- Ahora lea esto. (Ahora significa cualquier tiempo: siempre es ahora cuando se dice, pero sobretodo cuando se lee, cuando se escucha).
Chimal, que provocó a un malversador a preparar sopa, parece que también hubiera podido provocar una serie de imágenes elocuentes con algún curry. (Para disfrutar la sopa copie y pegue esta URL en su navegador http://www.lashistorias.com.mx/blog/?p=7#comment-51 La versión de WordPress que tiene Blogsome no redirige correctamente al link que uno escribe cuando la URL tiene fragments (http://gbiv.com/protocols/uri/rfc/rfc3986.html#fragment) –eso que viene en una URL después del ‘#’)
Contra el prejuicio, la información. (En realidad el prejuicio tiene enemigos numerosos, pero pocos son eficaces y siempre depende del caso particular).
Así me enseñaron en el Catecismo para el s. XXI.
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Hace menos de un año resurgió todo el asunto sobre el mural, otrora perdido, olvidado, ignorado Ejercicio plástico de Siqueiros pintado en un sótano (paredes y piso) de una finca en Argentina, Don Torcuato, del magnate periodístico Natalio Botana. Gracias a Héctor Mendizábal, último dueño de la propiedad y coleccionista de autos, Manuel Serrano lo cortó para restaurarlo (cómo me gustaría decir restaurantearlo –que es lo que nosotros nos imponemos cuando vamos a un restaurante, a menos que seamos piezas de arte y nos restauren ahí mismo con una orden de enchiladas suizas–) y mostrarlo en exposición itinerante por el mundo –una idea que quizá le gustara a Siqueiros, dada su convicción de llevarle arte a los todos. Desafortunadamente (?), comenzaron los problemas legales. El mural ya había sufrido de humedad, ácido (la esposa de algún dueño intermedio de la propiedad lo calificó de indecente y quiso destruirlo), graffiti y olvido, sobretodo eso, olvido.
Hoy Argentina, desde que los Kirchner se enteraron de la mina de oro que les dejó Siqueiros ahí, quieren exhibirlo, restaurarlo y conservarlo como Patrimonio Cultural de la Patria. (Ya que digan mejor Patrimonio Patrio para Patricios –los argentinos, muchos, se creen y por tanto son patricios en medio de bárbaros sudacas.) ¡Enhorabuena, apoyo la moción!
Hace pocos años Felipe Vázquez Maqueda hizo un documental al respecto. Quizá esta historia dé para más.
La vida agitada de Siqueiros. Un ex-presidente de Argentina y un ricachón le ofrecen protección si accede a pintar ese mural. El piso del mural aún está perdido. Una familia burguesa y moralina lo intenta destruir. Es presa de bandalismo. El día de hoy lleva 17 años en unos contenedores, cuando el plan original era exhibirlo. El material con que se pintó ha resistido todos esos embates. El mural es monotemático y versátil a un tiempo: pinta a la poeta uruguaya Blanca Luz Brum con diferentes técnicas y desde diversasa perspectivas. Brum y Siqueiros –ya casados– llegan huyendo de México donde hubo cárcel para todos (incluídos Brum y el hijo que ella tuvo en su primer matrimonio). En ese sótano se reunían con Neruda y Lorca. La estancia en Don Torcuato culminó en gritos y escándalo debido al romance que sostenía Blanca Luz con Botana. ¿Alguien se apunta para escribir el guión de la película?
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