Convicciones
Hace tiempo prometí un post sobre el asunto de las convicciones y cómo cada día se hace más difícil sacar a la luz argumentos a favor de ellas.
Por cierto, esa palabrilla convicción le tengo mis reservas. En realidad no hay nada de malo en tener convicciones, hay que caminar con algunas en este mundo para tomar decisiones. Mi problema empieza cuando se vuelven inanimadas, anquilosadas. Cuando una convicción no te deja ver la realidad o peor aún, cuando te prohibe verla con nuevos ojos. En realidad he oído mucho esto de “es que tengo mis convicciones y no puedo dudar de tal o cual cosa”. Es TAN decadente. Parecería que hay un pase mágico cuando se acude a las convicciones. Es decir, si es convicción entonces ya no puedo modificarla.
Una convicción: toda convicción puede ser invalidada al través del tiempo y la experiencia. Es una convicción que tengo al momento en que estoy escribiendo esto. Si acaso llegara el argumento que me hiciera cambiar de opinión, pues que llegue. Uno no puede dejarse vencer por sus propias convicciones. Las convicciones uno las toma porque nos conviene vivir con ellas. Son ellas las que están al servicio de la vida y no al revés.
Pero veamos con más detalle cómo suceden las cosas. Ya sea conciente o inconcientemente uno adquiere una convicción. Hay veces que uno entra en una convicción por alguna razón tan barata… He visto casos en que se inventan una convicción sólo por parecer más interesantes o por no poder quedarse callados. Hay veces que es por puro azar, en algún momento nos arrojamos a pensar de algún modo y actuar en consecuencia y nos fue bien, suficientemente bien que la siguiente vez que estás en esa situación ya te atreves a decir: “Yo siempre he pensado que…”. Y luego queda el compromiso de seguir esa línea de pensamiento y actuación… si las cosas más o menos funcionan, quizá se genere una convicción. Otra veces, en cambio, la convicción nace de la reflexión y del ensayo y error de distintas posturas. Hasta que uno escoge alguna por vencedora en términos prácticos y teóricos.
Sea como sea, cuando uno adquiere una convicción, sean baratos o elaborados, llenos de prejuicios o libres de conflictos emocionales, uno tiene algunos argumentos para seguir con ellos.
El problema surge o se agudiza con el paso del tiempo. Pasa como con muchas leyes. Se olvidan los argumentos que llevaron a generarlas, las condiciones que hicieron favorable su establecimiento. Y después ya nadie, ni uno mismo en el caso de las convicciones, es capaz de llevarlas a juicio interno. Uno termina siendo más sus convicciones que su capacidad de juicio. Y esto para mí es muy decadente. Uno pierde capacidad de libertad.
Ahora bien, ¿qué ha pasado con algunas convicciones mías? Las llevo desde algunos años ya… Y a veces me sorprende que no tengo tan frescos los argumentos por los cuales las tengo. Cada día algunos me cuestan más trabajo volver a justificarlos con claridad meridiana. Tengo la sensación que me convienen, pero a veces mi razones inmediatas no son tan elocuentes. Creo que esto les pasa a los todos los hombres. Creo que los viejos son más ideáticos porque hace mucho que no ponen en juicio a sus convicciones: simplemente han vivido así y así deben ser vistas y vividas las cosas. Así que antes de que me pase, estaré, como un adolescente, cuestionándome más que lo que lo he hecho los últimos años.
Y es que hay un elemento más: la supuesta madurez. Finalmente uno va creciendo y va cosechando algunos éxitos que antes no teníamos. Entonces uno va creciendo en seguridad y pensando que uno tiene éxitos porque sus convicciones son las correctas y esto nos da paz y nos comienza a convencer de que vamos madurando. Al final, después de unos 25 años de estar pensando todo el tiempo así y cosechar más éxitos, quiero ver la dificultad de que alguien externo o uno mismo quiera poner en juicio a las convicciones.
Creo que un hombre tiene derecho a mejorar todo el tiempo. Pero ese derecho se gana con el esfuerzo de cuestionarse a menudo. Tampoco quiero que se interprete con esto que hay que vivir para la duda y la inacción. Más bien hay que vivir en la valentía de saber que nuestras convicciones son temporales y no representan la verdad última, pero que son lo mejor que tenemos en un momento particular para basar nuestros actos y nuestros juicios. Y saber que tenemos el riesgo de equivocarnos y que sabremos responder a la responsabilidad que esto supone.
Por esto la valentía y la honestidad son mis valores favoritos. Porque se requiere valentía para vivir y decidir sabiendo que podemos estar equivocados y honestidad para reconocerlo. Honestidad y valentía para enfrentar la responsabilidad de nuestros hechos y decisiones. Pero sobretodo, se requiere valentía y honestidad para realizar el ejercicio a rajatabla de poner nuestras convicciones en juicio interno. Y se requiere valentía y honestidad para cuando vemos claramente que para crecer debemos dejar atrás algunas convicciones y tomar otras.

Dic 28, 2005
CONVICCIONES
De aquella fecha del 7 de Mayo de 2005 espero que no te haya convencido argumento alguno que cambie tu tesis acerca de este concepto.
Si es así, permíteme darme un acercamiento al tema.
Pienso que solamente se puede cambiar de una convicción a otra, cuando esta última es más aplicable a las situaciones actuales y tienes la visión y la decisión de tomarla, o es que tu percepción de la realidad es diferente a de la otra persona que trata de mostrarte la realidad que él ve o percibe. Pues la realidad es el sinnúmero de percepciones que cada persona percibe, según su posición, cultura, época, raza, edad y experiencias vividas.
Estoy de acuerdo en lo referente a que existen paradigmas, y que para muchas personas son inamovibles, pero éstas son mucho más convincentes que aquellas personales y particulares de persona a persona, por ser las primeras parte de la cultura popular. También estoy de acuerdo, que todo descubrimiento nace de la inconformidad, que tiene el individuo y de la valentía y honestidad que debe tener para descubrir la diferencia o encontrar una respuesta más satisfactoria a su propia realidad y que necesariamente ésta es un servidor de o para la vida.
Quizá lo que calificas como convicción que algunos manejan, para darse importancia o no quedarse callados, sea una mera opinión o una salida poco inteligente para no demostrar su incapacidad de tener mejores argumentos, ya sea por ignorancia o por algún tipo de complejo social o psicológico.
No olvidemos que el ser humano en su concepto general es propicio al mínimo esfuerzo, esto da como resultado el poco o nulo análisis de este tipo de conceptos, si para ti, él, ella, ellos o nosotros nos da un resultado aceptable tal o cual convicción la seguimos obedeciendo este principio del mínimo esfuerzo, es por ello que un buen número de convicciones, se convierten con el tiempo, en paradigmas.
Tu percepción con respecto a que los viejos son más ideáticos, tomando como ideático las convicciones anquilosadas e inanimadas, me parece que las razones que argumentas son impuntuales, carentes de análisis, pareciéndose a una convicción actual tuya, que podríamos calificarla de paradigma, aceptando como general ese argumento y no como un estudio o análisis del mismo. Es cierto lo que expresas en el siguiente párrafo de tu escrito sobre este tema, que seguirás siendo adolescente y que seguirás cuestionándote, hasta que tu propia vida y experiencia acumulada te aclare la mirada y sean tan limitadas tus necesidades, lo mismo que tus facultades y recursos, que te dejes llevar por el caudal de conocimientos que has acumulado al través de los años, si es que en ese caminar has sido precavido y has tenido el tino de guardar lo valioso y desechar lo trivial, será entonces cuando ya no tengas la necesidad imperiosa de ser adolescente y no tengas que preocuparte por tener más y más convicciones, para seguir con tu vida feliz y próspera.
No puedo negar que tienes toda la razón en lo referente a los valores: Valentía y Honestidad, pues sin ellos, no sería posible el avance en cualquier materia o tema, ya sea dirigido a la vida o al conocimiento.
Una forma palpable para de mostrar que se ha tomado en serio una convicción, es la acción, que se tomará desde el momento de tener una nueva convicción, pues sino se caería en una falacia y estaríamos hablando de un mero pensamiento sin consecuencia, es decir, sin convicción.
Además de estar seguro de que el hombre tiene derecho a mejorar todo el tiempo, también en que el hombre esta diseñado para ser feliz y estos dos conceptos tendrán que ir de la mano, para el estudio y análisis de nuestras convicciones y en consecuencia de nuestras acciones.
Comment by Juan Gustavo Muñoz Sota — December 29, 2005 @ 11:02 am
Gracias papá por tomarte el tiempo de comentar al respecto. Claramente los padres tienen una influencia muy fuerte en términos de las primeras, y muchas veces también, últimas convicciones que uno encarna.
Tengo dos comentarios:
Ciertamente el comentario de: “Creo que los viejos son más ideáticos porque hace mucho que no ponen en juicio a sus convicciones: simplemente han vivido así y así deben ser vistas y vividas las cosas.”, fue un tanto impreciso. Lo que debí haber escrito (y que se apega mucho más a lo que pienso) es: entre las personas de edad avanzada es mucho más probable encontrar ideas muy complicadas de modificar puesto que por mucho tiempo se han considerado válidas y con la sensación (muchas veces acertada) de que les han funcionado de una u otra manera positivamente. Es decir, lo que quería puntualizar ahí es que típicamente es más fácil que un joven de 20 años (justo porque se está formando) cambie de convicciones que una mujer de 65 años. Y digo “típicamente”, esto no quiere decir que no haya jóvenes que no cambien sus ideas desde los 20 años, ni personas de 65 que cambien radicalmente un punto de vista que mantuvieron durante toda su vida. De hecho, yo tengo el ejemplo claro de una mujer de más de 65 años que cambió un punto de vista intransigente: la abuela de mi esposa. Era una mujer de edad y logró este cambio y esta apertura hacia la tolerancia y el respeto a otras formas de relaciones entre las parejas. Lo que no pudo cambiar cuando era más joven para con sus hijas, lo logró más grande para con su nieta. Y no es que le importara menos o algo así. Andrea fue como una hija para ella, pues la cuidó desde chiquita, mientras Rosa María trabajaba como negra para darles una buena vida a sus dos hijos.
Así pues, estoy de acuerdo contigo que esa frase sobre los viejos fue desatinada.
El otro comentario que quería hacerte tiene que ver con tu posición sobre la acción y la convicción. Antes que nada, quisiera recordar la definición de la voz “convicción”:
convicción.
(Del lat. convictĭo, -ōnis).
1. f. convencimiento.
2. f. Idea religiosa, ética o política a la que se está fuertemente adherido.
Por completez también copiaré aquí la definición de “convencer”, puesto que convencimiento es la acción o efecto de convencer:
convencer.
(Del lat. convincĕre).
1. tr. Incitar, mover con razones a alguien a hacer algo o a mudar de dictamen o de comportamiento.
2. tr. Probar algo de manera que racionalmente no se pueda negar.
Parece que no está ligado necesariamente con la acción. Es decir, uno puede tener cierta convicción pero que no está necesariamente ligado con una acción. Sin embargo, la vida con tantos matices que tiene, puede presentarte una situación en la cual un par de convicciones tuyas se vean encontradas, entonces tendrás que tomar en ese momento la que más te convenga en ese momento. Es decir, tendrás que escoger el mal menor. Aquí es donde todas esas morales del bien quedan oscurecidas ante la realidad. Muchas veces la decisión ética no está entre el bien y el mal, sino entre dos males y hay que escoger el mal menor. De paso hago la aclaración que la moral cristiana (paradigmática, por cierto, de las morales del bien) es insuficiente para este tipo de cosas, puesto que cualquier mal es pecaminoso, por más menor que sea. La realidad es distinta cuando no se tiene en la mira el pecado o la culpa y sólo se tiene la responsabilidad en el horizonte. Cuando se debe tomar una decisión por el mal menor entonces uno actuó a la altura de las circunstancias y asumiendo la responsabilidad de los hechos.
Gracias de nuevo, papá, por tomarte el tiempo de comentar sobre mi post. Un beso.
Comment by justavo — December 29, 2005 @ 11:28 am
Lo que no sabes, por no haber llegado ahí, es que para que un sujeto de edad avanzada, con todas sus facultades mentales, psicomotrices y demás conceptos o ventajas que quieras agregar, debes considerar que si bien ha llegado a esa edad y los ves como una persona feliz, realizada, con buenos criterios acerca de la vida y de su relación interpersonal, debe ser el resultado de haber tomado muchas decisiones que lo llevaron a cambiar muchas de sus convicciones, o quizás fue afortunado y no tuvo la necesidad de hacer muchos cambios en su vida, pero para el momento en que lo estás analizando, como una fotografía, quizá en mucho tiempo no haya tomado la decisión de cambiar alguna convicción añeja, pero tan luego acabas de oprimir el botón del disparo, él ya tomó la decisión de considerar otra convicción.
Lo que me cuentas de la abuela de Andrea significa un apoyo a mi tesis, en el sentido que el cambio de convicción que experimentó ella, lo mostró en una acción, al ser tolerante con lo que antes no lo era.
Te haré un ejercicio muy sencillo que siempre trato de incluir en mis temas de capacitación, se trata de calificar, según su jerarquía, cuatro conceptos, tomando en consideración el trabajo, es decir, al más importante lo calificarás con el número 1 y así sucesivamente hasta llegar al menos importante en esta escala, el número 4, argumentando cada concepto con respecto a la calificación que le otorgaste. Los conceptos son los siguientes:
Responsabilidad, Éxito, Disfrutar e Intimar.
Comment by Juan Gustavo Muñoz Sota — December 29, 2005 @ 12:18 pm