Descubrimiento
Nunca me había cautivado el tercer movimiento del Segundo Concierto para piano de Brahms, sí me gustaba, pero para hablar de quedar en cautiverio, ese concierto lo lograba sólo en sus dos primeros movimientos. Sin embargo, ahora lo estaba oyendo y de pronto vi a mi hija jugar tranquilamente con sus colores y su pequeño caballete y la escena no pudo ser más cautivadora. Justo esa melodía, esa plasticidad con la que se translada ese movimiento encaja de una forma más que precisa en la escena, o quizá mejor sea dicho, que la escena se encaja en la música.
Así es, la figura y atmósfera que percibí y disfruté hace unos pocos minutos fueron una sola percepción sin adolescencias. No era la imagen de mi hija junto con la música: aquello fue unidad, un sólo fenómeno, como cualquier devenir sin la necedad del análisis. Uno que se escribió en mí para recordarlo por muchos años y que finalmente me forzó a escribir estas líneas.
