Gustavo Muñoz - justavo, kanchenjungo, zipi

May 16, 2005

Wittgenstein y la guerra: paralelismos

Filed under: Personal

La transformación que Wittgenstein sufrió durante la guerra es similar a la que yo infringí conmigo mismo entre los 23 y los 29 años. La semejanza no reside en lo que se sigue de la transformación particular de Wittgenstein en términos de personalidad, sino me refiero simplemente a la transformación en tanto metamorfosis. Ya desde la actitud de Wittgenstein hacia una experiencia, o mejor dicho, una serie de experiencias que lo convirtieran en otro o en él mismo evolucionado a donde sus capacidades podían llevarlo, comencé a gozar de las primeras evidencias de ver en otro algo semejante a ese periodo tan crucial en mi vida.
En algún otro post ya he comentado sobre la necesidad de algunos de vivir en el límite, de conocer nuestros propios límites y, aún más emocionante y fructífero, (concediendo que somos un devenir) superar los límites que tenemos y nos dibujan en un momento particular de nuestra existencia.
Yo soy de esta clase de hombres. Tal como Wittgenstein yo no me gustaba: la torpeza social que me caracterizaba, me tenía en un estado de asedio y tensión constante; haber sufrido una falta de independencia ideológica y ética durante tanto tiempo no dejaba fluir, con todo su cauce, a mi pasión por vivir.
En realidad yo tenía dos propósitos principales y otro marginal o paralelo. Del lado troncal quería, por un lado, generar una escala de valores a partir de mis experiencias y algunas confianzas razonadas y, por otro, quería resolver mi fracaso en el ámbito social. Mi propósito marginal o paralelo, era poder generarme un referente válido en términos de educación: sabía que quería llegar a ser padre, pero no tenía ningún referente al cual yo pudiera acudir para tallar mi propia imagen de padre y educador.
Wittgenstein vivió al límite y lo vivió plenamente. Fue condecorado en diversas ocasiones por su arrojo, valentía y serenidad en momentos críticos. En alguna escena bélica sólo no obtuvo la más alta condecoración porque, a pesar que su testimonio fue ejemplar, no tuvo las consecuencias suficientes como para que se la dieran.
Tendremos que recordar que Wittgenstein buscaba ese peligro para agudizar y tomar toda la ventaja posible de esas condiciones (un Carpe diem a rajatabla) y lograr sus propios objetivos. No quiero decir que no estaban en su mente y en su voluntad conceptos asociados con el patriotismo e incluso que disfrutó su actividad en la milicia. Tampoco quiero presumir que su valentía fue meramente utilitaria, eso sería muy difícil de aseverar. Más bien lo que quiero subrayar es que no nos perdamos ubicando a Wittgenstein como un gran soldado per sé o un militar nativo. Más debemos acercarnos a este pasaje de la vida de Wittgenstein como su oportunidad para generarse una independencia y un sentido honesto en su propia vida. De hecho, son muchas cartas en las que Wittgenstein a sus amigos les comenta cómo va en ese proceso interno.

Pues bien, en mi propia transformación, claro está, no fui a la guerra pero si se me permite expresarlo así, sí permanecí durante años en la trinchera. Fue un periodo en el cual estuve expuesto a los peligros del submundo en la Ciudad de México: alcohol, drogas, putas y una escena crucial –en la que me vi involucrado sin tener control de lo que pasaba a mi alrededor– de miedo, violencia y planeación de un asesinato que nunca supe si se llevó a cabo o no (ahí conocí por vez primera un límite propio en cuanto a qué experiencias querer vivir y cuáles de tajantemente no).
Haciendo un paralelismo a mis observaciones sobre la vida militar de Wittgenstein, tampoco quiero decir con esto ni que, por un lado, no tenía gusto por esas actividades, pero tampoco es cierto que mi único afán era generarme todas las adicciones per sé y vivir al límite sólo por vivirlo: ya expresé más arriba mis dos o tres propósitos de fondo en tal aventura.
También, claro está, que ni en el caso de Wittgenstein ni en el mío todo el tiempo se vivió al límite: Wittgenstein también se dio tiempo para trabajar en su Tractatus, para estar fuera del frente y para trabar algunas amistades (en particular la de Paul Engelmann) en ese periodo; y por mi lado, yo trabajaba y avanzaba en mi carrera profesional, me tomaba vacaciones, tuve temporadas relativamente largas practicando deporte, tendí amistades que ahora cosecho con mucho placer y conocí a la mujer que ahora es mi esposa y la madre de Camila.

Este paralelismo entre las experiencias de Wittgenstein y las mías me han hecho disfrutar de manera mucho más íntima la lectura de la vida de este hombre. En ambas había un deseo muy grande de transformación personal, en ambas se tomaron riesgos sin necesidad aparente (Wittgenstein pertenecía a una de las familias más ricas de Austria y sin ningún problema pudo no haber participado en la guerra: de hecho se enroló como voluntario).
No queda duda que también hay diferencias abismales. Por mencionar algunas de las más evidentes: no comparto la visión mística que obtuvo al final de la guerra; y claramente yo no cree una obra inmortal en ese periodo. Sin embargo, me emociona intensamente ver que alguien se toma tan en serio su devenir y el aspecto ético de su vida.

1 Comment »

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  1. Interesantes las analogias que manejas con respecto a la vida de este personaje. Además de que dejas saber más sobre tu vida en si.

    Comment by jlguzman — May 17, 2005 @ 7:35 am

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