Gustavo Muñoz - justavo, kanchenjungo, zipi

June 1, 2005

Metalenguajes y mi ateísmo-práctico/agnosticismo

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Como comenté en mi post anterior, la perspectiva de Wittgenstein me turbó. Generó un pequeño sismo dentro de las convicciones más importantes que tengo: mi lejanía al tema de la fe.
Como bien dice el título de este post, soy un ateo-práctico/agnóstico. Es decir, no puedo aseverar la no existencia de Dios, pero actúo como si no existiera, o por lo menos, vivo percibiendo la cero trascendencia de este supuesto ser.
Pero antes –en sentido lógico, no temporal– de dejar de creer, dejé de asumir los dogmas y toda la estructura de creencias del cristianismo. Como expuse en el post anterior llegué a estas conclusiones prácticas después de invalidar muchos principios de esta religión. La perspectiva de Wittgenstein sobre que ninguna teoría está por encima de otra, y que ninguna teoría está por encima de la práctica puso en jaque los argumentos que me alejaron de la experiencia mística, de la vida religiosa.
Sin embargo, después de reflexionar un poco sobre estos temas tengo algunas conclusiones que quiero compartir:
1. La Iglesia sí ha querido justificar la religión por la metareligión, que ellos llaman Teología, basada en reglas de lógica aristotélica. Aunque sí hay un punto donde acuden a la fe pura, muchas de las creencias, prácticas e incluso la exposición de que hay armonía y perfección en sus estructuras se fundamentan en el ejercicio teológico. De hecho hay Teología Moral y Doctrinal (entre otras) que justo sirven para esto.
2. La consideración de que la otra teología que yo practiqué (es decir, del ejercicio metareligioso de la puesta en duda de la religión) no esté por encima de la religión tampoco le quita la capacidad de valor de verdad a las proposiciones que se elaboran dentro de sus propias reglas. Tampoco significa que uno no pueda establecer el sinsentido de algunos enunciados, que no llegan a ser proposiciones. Ciertamente no puedo decir, por ejemplo, si es verdad o no que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, lo único que puedo decir es que ese enunciado pertenece a lo indecible, está más allá de los límites del lenguaje, es decir, es un sinsentido.
3. Juego en la misma cancha. Cuando estoy haciendo juicios sobre la religión estoy en la misma cancha que los teólogos. ¿Esto qué me dice?, establece por lo menos que sí puedo invalidar con toda la fuerza de las reglas propias del juego de la Teología a la Teología Doctrinal Católica. Esto ya es un avance.
4. Ahora vayamos a la praxis, a la Teología Moral. Aquí sin duda también estamos en un lugar donde las proposiciones están más allá de los límites del lenguaje. Aquí más es una decisión estética, ordenada por el gusto y por la salud mental. Ciertamente no es un asunto lógico, pero suficientemente válido para mí como para alejarme con la frente en alto de tales creencias y prácticas.
UPDATE:
5. La Iglesia Católica sí mezcla su religión con la teología y genera nuevas leyes o impone límites a la religión a través del análisis teológico. Así pues, si ellos lo hacen entonces llegamos a una contradicción o a una paradoja en el mejor de los casos. Uno de los axiomas (dogmas) de la Iglesia Católica es que Dios siempre la guía, es una promesa de su fundador y que en este tipo de asuntos no se equivoca. Así pues, si ellos mezclan ambos juegos –la religión y la teología– entonces no es acertada la perspectiva de Wittgenstein o bien, no es cierto que Dios los guía para evitar errores, porque su método estaría muy errado. Nótese que si Dios no los guía entonces perderían toda legitimidad. Así pues, si suponemos que la perspectiva de Wittgenstein es correcta, la religión católica perdería credibilidad (sin necesidad de mis argumentos) y viceversa, si no es correcta la perspectiva wittgensteinana entonces mis argumentos volverían a cobrar todo el vigor con el que nacieron.

Wittgenstein y los metalenguajes

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Ayer leí y releí el capítulo 13 de la biografía que estoy leyendo de Wittgenstein. Fue una experiencia muy fuerte. El punto principal que queda expuesto en ese capítulo es:
No hay metateorías, ni metalenguajes, son simplemente otras teorías, otros juegos, otras reglas.
Las jerarquías en ese sentido –el metalenguaje sería una categoría superior a la del lenguaje– las genera el hombre, no son hechos y por lo tanto no se puede decir nada sobre esto. Es un sinsentido teorizar sobre ello. Es un lugar a donde el lenguaje ya no puede llegar.
Me recuerda mucho esto el “Más allá del bien y del mal” de Nietzsche donde habla de los prejuicios de los filósofos. Aquí estamos ante otro prejuicio,el que coloca a las metateorías en una posición privilegiada desde la cual nos dictarán las reglas y la naturaleza más íntima de las teorías.
La gente común para hablar y entenderse no requiere hacer análisis del lenguaje. Así tampoco, para hacer matemáticas es necesario generar el llamado “Fundamento de las matemáticas”.
Simplemente lo que dice Wittgenstein es que ese cálculo de la lógica y fundamentos en las matemáticas es otro cálculo, otro juego. No lo hace más importante, ni más esencial. Simplemente es OTRO no el METAcálculo. Las reglas de un juego no invalidan las reglas de otro.
Así pues, esta visión de Wittgenstein hace que todo el trabajo de Frege, Russell, Wittgenstein del Tractatus, Hilbert e incluso Gödel sea menos importante, menos medular, de lo que se pensaba. Es decir, la visión de Wittgenstein nos da la pauta de que los matemáticos que no hacen fundamentos, sigan sin empacho jugando con su juego, sin preocuparse tanto por los asuntos de los juegos de los fundamentalistas. Y la verdad, eso es lo que pasa en la práctica. Cuando uno está metido haciendo Análisis Matemático, por ejemplo, uno no se detiene a cada momento a ver si está fundamentado cada concepto atómico que está en la mesa. Uno hace matemáticas y se despreocupa de estos asuntos lo mismo que la gente corriente nos despreocupamos del análisis del lenguaje –alla Moore– para comunicarnos y lo logramos.
Sin duda, esta postura fue criticada por Russell como una separación de Wittgenstein por el pensamiento serio… pero lo que sucede es que Wittgenstein estaba trabajando para que el mundo cambiara de perspectiva ante estos asuntos.
¿Y por qué fue una experiencia muy fuerte para mí? Porque yo fui educado en el ITAM y la UNAM con la visión de Hilbert sobre la importancia de generar formalmente los fundamentos de las matemáticas. Voy a seguir a Wittgenstein hasta donde llegue su desarrollo en este sentido y claro, ahora disfrutaré mucho más mi libro donde se transcriben las clases sobre fundamentos de matemáticas que dio en Cambridge en 1939 (que nunca terminé y menos entendí, justo por no tener el marco de referencia de las ideas de Wittgenstein). De hecho aquí se enfrentan abiertamente Turing y Wittgenstein, pues Turing trabajaba y continuó toda su vida con la escuela formalista o fundamentalista.
Pero la razón más fuerte de por qué este capítulo, en un prinicipio me turbó intensísivamente tiene que ver con las razones por las cuales yo abandoné la fe católica hace ya 10 años. Yo abandoné esa fe por dos vertientes, la práctica y la pura (en el sentido kantiano de las palabras). Realmente los argumentos y la perspectiva wittgensteiniana no ataca frontalmente la parte práctica de mis razones, pero sí la pura.
El punto es que, quizá instado por el ansia fundamentalista de Hilbert y por mi propia pasión por pensar las razones tanto de la vida práctica como de lo básicamente teórico, me di a la tarea de dudar e intentar desnudar a la estructura de la fe católica. Es una estructura que se basa en la lógica. Es un sistema tomista fundamentado en la lógica aristotélica. De tal suerte que cuando vi que sus axiomas (ellos les llaman dogmas) no se sostenían unos a otros tuve la entereza de separarme de ese sistema de creencias y deducciones, con todo y que en ese momento mucho de mi vida se basaba en ello.
La parte práctica, insisto, que tiene que ver con las costumbres y las consecuencias en la vida cotidiana de esos principios tampoco se sostiene por sí misma. Sin embargo, cuando Wittgenstein propone la perspectiva de

    1. que no por no tener un análisis lógico de una práctica o una teoría éstas carecen de sentido y
    2. que lo que se descubre con la teoría de la teoría o práctica no está en un estadio superior, de modo que dicte las normas y los límites a la teoría o prácticas originales,

entonces qué me queda más que volver a dudar de mi proceder cuando abandoné la práctica y la creencia religiosa. Es decir, por vez primera estoy ante un argumento que le resta valor a los argumentos por los cuales dejé mi fe.

El capítulo se llama The fog clears. La niebla de la que habla Wittgenstein es justo ese prejuicio, esa perspectiva equivocada sobre las teorías y metateorías. Hasta donde voy leyendo, me parece que este es el punto de partida medular para toda la segunda filosofía de Wittgenstein. Diría Wittgenstein: una vez que esa niebla se disipe, entonces podemos avanzar con paso más firme.






















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