Metalenguajes y mi ateísmo-práctico/agnosticismo
Como comenté en mi post anterior, la perspectiva de Wittgenstein me turbó. Generó un pequeño sismo dentro de las convicciones más importantes que tengo: mi lejanía al tema de la fe.
Como bien dice el título de este post, soy un ateo-práctico/agnóstico. Es decir, no puedo aseverar la no existencia de Dios, pero actúo como si no existiera, o por lo menos, vivo percibiendo la cero trascendencia de este supuesto ser.
Pero antes –en sentido lógico, no temporal– de dejar de creer, dejé de asumir los dogmas y toda la estructura de creencias del cristianismo. Como expuse en el post anterior llegué a estas conclusiones prácticas después de invalidar muchos principios de esta religión. La perspectiva de Wittgenstein sobre que ninguna teoría está por encima de otra, y que ninguna teoría está por encima de la práctica puso en jaque los argumentos que me alejaron de la experiencia mística, de la vida religiosa.
Sin embargo, después de reflexionar un poco sobre estos temas tengo algunas conclusiones que quiero compartir:
1. La Iglesia sí ha querido justificar la religión por la metareligión, que ellos llaman Teología, basada en reglas de lógica aristotélica. Aunque sí hay un punto donde acuden a la fe pura, muchas de las creencias, prácticas e incluso la exposición de que hay armonía y perfección en sus estructuras se fundamentan en el ejercicio teológico. De hecho hay Teología Moral y Doctrinal (entre otras) que justo sirven para esto.
2. La consideración de que la otra teología que yo practiqué (es decir, del ejercicio metareligioso de la puesta en duda de la religión) no esté por encima de la religión tampoco le quita la capacidad de valor de verdad a las proposiciones que se elaboran dentro de sus propias reglas. Tampoco significa que uno no pueda establecer el sinsentido de algunos enunciados, que no llegan a ser proposiciones. Ciertamente no puedo decir, por ejemplo, si es verdad o no que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, lo único que puedo decir es que ese enunciado pertenece a lo indecible, está más allá de los límites del lenguaje, es decir, es un sinsentido.
3. Juego en la misma cancha. Cuando estoy haciendo juicios sobre la religión estoy en la misma cancha que los teólogos. ¿Esto qué me dice?, establece por lo menos que sí puedo invalidar con toda la fuerza de las reglas propias del juego de la Teología a la Teología Doctrinal Católica. Esto ya es un avance.
4. Ahora vayamos a la praxis, a la Teología Moral. Aquí sin duda también estamos en un lugar donde las proposiciones están más allá de los límites del lenguaje. Aquí más es una decisión estética, ordenada por el gusto y por la salud mental. Ciertamente no es un asunto lógico, pero suficientemente válido para mí como para alejarme con la frente en alto de tales creencias y prácticas.
UPDATE:
5. La Iglesia Católica sí mezcla su religión con la teología y genera nuevas leyes o impone límites a la religión a través del análisis teológico. Así pues, si ellos lo hacen entonces llegamos a una contradicción o a una paradoja en el mejor de los casos. Uno de los axiomas (dogmas) de la Iglesia Católica es que Dios siempre la guía, es una promesa de su fundador y que en este tipo de asuntos no se equivoca. Así pues, si ellos mezclan ambos juegos –la religión y la teología– entonces no es acertada la perspectiva de Wittgenstein o bien, no es cierto que Dios los guía para evitar errores, porque su método estaría muy errado. Nótese que si Dios no los guía entonces perderían toda legitimidad. Así pues, si suponemos que la perspectiva de Wittgenstein es correcta, la religión católica perdería credibilidad (sin necesidad de mis argumentos) y viceversa, si no es correcta la perspectiva wittgensteinana entonces mis argumentos volverían a cobrar todo el vigor con el que nacieron.
