¿Celebremos México o las sobras?
Este post es realmente un TrackBack a un post titulado Las sobras del pastel de mi amigo y compañero de trabajo Alex Escalante.
Sobre lo que nos comparte Alex lo primero que me viene a los labios es: ¡Qué fuerte! ¡Qué cierto! ¡¿Qué hacer?!
Sin duda, bien conocen mi punto de vista quienes me conocen, yo tengo poca esperanza de que estas condiciones mejoren en una o dos generaciones. Eso no significa que yo no quiera hacer algo por mejorar mi entorno. Pero es un microcambio. Desgraciadamente no tengo la esperanza en la agregación de tantos microcambios para generar el cambio que tanto quisiéramos se diera o, mejor dicho, diéramos.
Sí, la situación es complicada. Sí, debemos proveer a nuestros hijos lo mejor que veamos para ellos. Pero esto no es nuevo. Prácticamente todos los padres de todas las generaciones han querido esto. Cada padre con su cosmovisión le da a sus hijos lo que piensa mejor.
Yo tampoco tengo título y creo que he corrido con suerte en mi vida profesional. Es decir, sí trabajo fuerte y con muchas ganas, pero supongo que no más que otros que puede que tengan más talento que yo pero que quizá han corrido con menos suerte. Ciertamente, y más a últimas fechas, yo no he desestimado el cultivo de otras habilidades que me conduzcan a moverme un poco más cómodo en escenarios lejanos al del cómputo y los sistemas. Creo que eso, al final, también paga. Creo que entre más comprendas cómo relacionarte exitosamente con más y más humanos, mejor te irá viviendo entre humanos. Finalmente, el proceso de adaptación en un ambiente tan complejo y abrumadoramente rico en términos de elementos como el de la vida humana en la sociedad actual, es increíblemente complejo y no basta, para maximizar tu bienestar y tu supervivencia, tener unas cuantas habilidades –por más que algunas las tengas desarrolladas muy por arriba del promedio.
Esto no significa que no haya otros países con mejores oportunidades para vivir más cómodamente con un número reducido de habilidades aunque algunas desarrolladas muy por encima del promedio. Quizá, en términos un poco spencerianos, esta es la queja de Alex y con él de mucho mexicanos que nos sumamos al desencanto y a la denuncia.
Pero preguntémonos, para un hombre de nuestro tiempo y nuestra ideosincrasia, ¿qué es México?, ¿qué significa ser mexicano? Es tema ya conocido la falta de identidad nacional, la falta de símbolos comunes entre los mexicanos. Más aún, es bien sabido que en esa lista quizá sólo puedan ser mencionadas la Selección Nacional de Fútbol y la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, eso no es común a todos los mexicanos: por ejemplo, yo no soy fanático del soccer ni soy católico. Y por otro lado, seguramente esos símbolos no son los mejores para generar el orgullo y la eficiencia nacionales para ayudar a vencer la competencia extranjera y el boicot interno.
Seamos sinceros: nuestra historia es una de rupturas y de traiciones; no de conciliaciones y lealtades. Pensemos en el caso indígena hasta nuestros días, en Benito Juárez-Santa Anna-Díaz, en Villa-Zapata/Carranza-Calles, en Salinas-Colosio-Zedillo, etc. Esto naturalmente, genera una sociedad atomizada que es muy complicado, sino imposible, revirar.
Si a esto sumamos el narcotráfico (por cierto, sobre este tema versa el número de este mes Letras Libres, me comenta Mancilla) y la inseguridad, varios candidatos vacíos que tenemos hoy, la Ciudad de la Esperanza y Tu amiga la Tesorería (tal como se anunciaba en la tele con la cancioncita)… creo que la tenemos complicada.
Volviendo al punto de las oportunidades. No tengo título y me he dado 12 meses para lograrlo. Tengo que hacerlo, porque justamente algún día quizá me veré en la misma situación que tuvo hace poco Alex y no quiero jugar con esas mismas desventajas. Es algo que depende de mí. Depende de cómo yo gestione mi tiempo. No voy a volver a poner la responsabilidad en el exterior. Siempre he dicho que tengo mucho trabajo y por eso no lo he logrado. No más de esa basura.
Por otro lado, yo no puedo estar en desacuerdo de iniciativas como Celebremos México. Y aunque entiendo el punto de Alex, la verdad creo que debemos sacar lo que podamos de nuestros éxitos para comenzar a implantar en las nuevas generaciones esos elementos de orgullo comunes para dejar que ejerzan su labor psicológica en los mexicanos del futuro. Finalmente muchos otros países también basan su orgullo nacional en elementos por demás cuestionables… ¿por qué nosotros no podríamos basarlo en elementos que no dejen de ser ciertos, pero que también sean presentados con toda la intensión de generar mito y leyenda?
Quizá no tengamos otra. Quizá no nos hemos mentido suficientemente bien para que todos o muchos mexicanos exhibamos nuestra bandera en cualquier mes del año, como pasa en otros países. Para que se vendan muchas camisetas con nuestra bandera como pasa en otros países. Para que la gente tenga en la idea de su país otro elemento para salir adelante.
UPDATE:
Sí, después que publiqué mi post y me fui a mi casa, supuse que esa iba a ser la crítica más socorrida a mi planteamiento. Gracias Alex por el comentario. Sin embargo, sin dejar de estar de acuerdo que decir la verdad está bien, también quiero subrayar el valor que reside en ser pragmáticos y entender que la verdad por la verdad también es un asunto vacío. Es decir, como Nietzsche sostenía, yo pienso que es mejor tener a la verdad al servicio de la vida y no al revés. El valor más importante que tenemos es la vida o mejor, para no plantearlo en lenguaje tan axiológico, el bien más valioso que tenemos es la vida y con ella su calidad. La verdad por sí misma, sin vida, no tiene sentido.
Entonces sí digámonos verdades en la medida de que sean constructivas. Por ejemplo, ese comentario sobre la autocrítica a México en el caso de Miguel de Icaza seguro es constructivo, porque nos hace ver algunas áreas de oportunidad. Es decir, de nada sirve echarle muchas ganas para mejorar México si no sabemos bien en qué áreas y no sabemos priorizar. En este sentido, ese tipo de verdades incómodas son muy constructivas.
Sin embargo, también algunas mentiras o verdades “bien contadas” que generan leyenda y mito son también muy constructivas. Hay que entender que habrá algunos que no se las crean y esos, seguro tienen otros motivos, valores y objetivos que les dan esa automotivación que tanto se busca. Y claro ellos serán los críticos más sagaces de este tipo de audacias. Sin embargo, también hay que entender que según distintos escenarios de educación y cultura, este tipo de elementos son los que se tienen a disposición para llegar a las masas y ayudarles a crecer en términos de su autoestima nacional. Y sí, también mencionar, como dice Alex, las verdades incómodas, la autocrítica, para saber por cuál camino encauzar la energía.
