Gustavo Muñoz - justavo, kanchenjungo, zipi

October 2, 2005

Sobre la Condesa

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Mucho se ha escrito con respecto a los últimos tiempos en la Colonia Condesa de esta Ciudad de México. Este título de últimos sin duda le viene bien, pues esta colonia fue fundada en 1902, es contemporánea de la Roma; sólo diez o quince años más joven que la San Rafael. Decíamos que se ha escrito sobre el tema, sin embargo, ese hecho no merma la intensión que este texto tiene de suyo.
Hoy me levanté con la energía suficiente para pasar otras buenas horas frente al ordenador, intentando que los planes de trabajo hechos al vapor no me dejaran, una vez más, muy mal parado frente a la gente de negocio. Decidí tomar el desayuno en algún restaurancito del área dominada por las calles de Michoacán y Tamaulipas, con toda la intensión de leer algunas páginas de los Cuadernos de Lanzarote –diario de José Saramago. Finalmente paré en Mamá Rosa’s del cual “Nueva cocina italo-mexicana” reza su conocido slogan. Más allá del típico (pero no menos errático) uso del apóstrofe, es su actitud la que lo coloca entre los restaurantes más condechis de la Condesa.
Sabía a lo que iba y la mañana comenzó de tal forma que tenía toda la intensión de fundirme con lo que viniera; de no corromper esa sensación de fluidez que de alguna manera dominaba mis sentidos. La chica que atiende a la recepción casi da al traste con mis intensiones, pues su desproporcional atractivo casi rompe el terso devenir del que estaba disfrutando. Casi dudo ahora, si con ese tipo de mujeres estos restaurantes pretenden apoyar la unidad familiar típica de un domingo: sin duda, ellos no trabajarían para el DIF. Finalmente, me senté sin mirarla mucho, sólo para resguardar mi bienestar sereno durante el desayuno. Sólo quiero aclarar que en otras circunstancias su presencia me hubiera alegrado el momento… ¡y de qué manera!, sólo que hoy no me apetecían ese tipo de abruptos encandilamientos.
Fue así como llegó, a su debido tiempo, el menú o la carta (no sé cuál preferir, aunque cuando vamos en grupo es más fácil y menos polémico construir el plural de uno que de otro). Aquí fue cuando dejé de vivir y dejar pasar los fenómenos sin mayor análisis. Ya no pude más y planeé este texto. A final de cuentas, esto de planear el futuro siempre introduce una tensión a la experiencia del presente. Mi plan de alejarme de cualquier tensión existencial, por lo menos durante el desayuno, cayó por su propio peso.
Nunca había desayunado en ese restaurante, sin embargo, ya había disfrutado de algunas comilonas. Y sí, ya me había parecido un tanto cargados y churriguerescos los nombres de la oferta de platillos, pero no había leído algo como lo que transcribo, al pie de la letra, del texto original:

Paquete Agustín Lara
Macedonia de frutas, yogurth, con granola y miel y jugo chico, con huevos Agustín Lara (tacos de huevo bañados y rajitas de chile serrano), incluye café americano (free refill)

Las itálicas son mías. Más allá de criticar el pleonasmo de la “macedonia de frutas”, pues macedonia sólo puede tratarse (según la definición que nos trae el DRAE) de una ensalada de frutas, se trata de un desayuno con sabores y colores cien por ciento mexicanos. Los huevos, les comparto más detalles, están sobre y bañados en frijoles. Sobre los tacos, además de las “rajitas” (nótese el diminutivo típico mexicano) también esparcen chorizo rojo y crema. Así pues sobre la cama de un café obscuro destacan los colores de la bandera mexicana. Creo que no tengo que insistir mucho en el contraste que genera la redacción de tan generoso anuncio (sin duda siempre bienvenido) de ofrecer, sin costo adicional, cuantas tazas de café (tipo) americano el comensal ordene.
Al principio pensé en criticar este espíritu condechi, pero luego caí en cuenta que el ímpetu crítico más que viniera de un fondo contra el cual yo estuviera casado, venía de mi frustración de pasar mi desayuno en santa paz. Después de recuperar un poco la tranquilidad perdida por este abuso de la letra impresa, volví a la interpretación que sobre hechos de este tipo hago y que me ha acompañado durante los últimos años.
No puedo estar en contra de algo que sucede, un poco, naturalmente. Mejor es sumarse para enriquecer; proponer formas para integrar más elementos a un fenómeno que ni el más audaz de los hombres (mucho menos yo) podrá frenar o prohibir. Claro, tampoco es para tanto alarde la expresión free refill en un desayuno que ofrece un restaurante que se especializa en la “nueva cocina italo-mexicana”. De pronto quise, para defender la expresión, pensar que esta práctica, que insisto, yo le extiendo los brazos en bienvenida, nos vino de los Estados Unidos, pero creo que no. Ya la ofrecía desde hace, por lo menos, veinte años Vip’s y Sanborn’s, que, aunque con nombres anglosajones, en aquellos tiempos sí estaban lejos de la influencia transformadora del marketing y el offering gringo. Y no, Vip’s y Sanborn’s no le llamaban a su producto “café americano (free refill)”… y creo que siguen sin llamarle así. Aunque si hoy, a diferencia de hace veinte años, un comensal le pregunta a cualquier mesera si hay refill, ella contestará, sin ninguna duda y naturalmente, que sí. Y de una vez aclaro, no es que yo esté en contra de que un pueblo sepa más de un idioma. Al contrario: estoy a favor, siempre y cuando ese pueblo sepa bien el suyo. Y así con el idioma como con otras muchas expresiones de una cultura. Vaya, soy un hombre que cree en la diversidad como opción, tanto para vivir una vida de riquezas, como para acercar a los hombres con distintas cosmovisiones.
No, el asunto del café no es para tanto, pero sí puede constituir un elemento visible de un fenómeno de proporciones mucho más extendidas que un simple menú en un restaurante de la Condesa: puede tratarse del asunto de la vida o de la muerte de las costumbres mexicanas en algunos sectores de la población; de la riqueza cultural que por falta de ese mismo ingrediente (cultura y educación) se puede perder para siempre, o por lo menos, convertir en pobreza cultural. Y no hay algo más decadente que una riqueza pobre, empobrecida.
La crítica lanzada con más frecuencia al espíritu condesa es justo ese sentido de la cultura fabricada sólo para ser consumida. Cultura que, más allá de una pintura de actitud y moda, no tiene mucho más. Es justo la preocupación de algunos, de que nuevas generaciones se vean confundidas por esta forma de vender y comprar cultura y que, al final de los días, no saboreen de mi desayuno más que lo cool del free refill de mi american coffe, y OK, esto sí lo comparto, un mucho de la citada recepción que, alegremente, nunca dejará de estar de moda.

4 Comments »

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  1. Tengo mi teoría particular sobre el uso del término “refill” en México. ¿Qué diríamos para expresar el concepto si no usáramos esa palabra? “Señorita, ¿me dará todo el refresco que quiera?”; “¿Cuántas veces me puedo servir refresco?”… Tú escoge, pero como quiera sonará muy… atascado. Es mejor simplemente decir “¿Tienen refill?” y mediante el uso de esta clave evitar la vergüenza de pedir algo gratis (aunque no lo sea). Cómo se nos ha pegado el eufemismo gringo.

    Por cierto, voy por un café (en mi casa viene con refill).

    Comment by Alejandro Escalante Medina — October 3, 2005 @ 10:09 am

  2. Sí, la verdad la expresión del refill es cómodo y esa es una de las vías más claras de la evolución de un lenguaje. Pero también podemos usar rellenar, relleno, relleno gratis, relleno gratuito, rellenado gratis, rellenado gratuito. Claro que en medio de un ambiente pleno de albures, decir al encargado del establecimiento: “Joven, ¿me lo rellena gratis?”. Es un autogol que difícilmente muchos tomaríamos el riesgo de vivir.

    Comment by Gustavo Muñoz — October 3, 2005 @ 11:11 am

  3. Algo más. Como dice Alex, podríamos usar “refill gratis”. Sin embargo, tal como lo ponen en el menú de Mamá Rosa’s “free refill” va justo en este espíritu condechi, claro tomando en cuenta los demás componentes que generan este popurrí.

    Comment by justavo — October 3, 2005 @ 11:59 am

  4. Soy mexicana, traductora y vivo en Suiza desde hace varios años. Antes de establecerme en Europa, vivía en la Condesa, por lo que conozco el Mama Rosa’s. Al parecer todo cambia (no para bien) y ahora el menú pone la dichosa frase gringa, free refill, lo que me parece absurdo. Cuando una vive en el extranjero, sucede un fenómeno terrible: el español que una habla, se ve de pronto afectado por la sintaxis y a veces el vocabulario de la lengua del país en el que se vive, en mi caso, el francés. De algún modo es inevitable y hay que estar muy alerta para mantener la corrección del propio idioma. Es un ejercicio diario. Me parece terrible que en México, por puro esnobismo, por ganas de sonar elegante o a la moda, se incurra en ese tipo de barbarismo. ¿Por qué no inventar nuestra propia forma de decir las cosas? ¿Por qué recurrir a calcos innecesarios que solo empobrecen nuestra lengua? Salpicar nuestro idioma de palabras extranjeras no significa que hablemos dichas lenguas extranjeras, más bien, y estoy completamente de acuerdo con el autor del artículo, que desconocemos la nuestra.

    Comment by Cynthia Cortes — November 5, 2005 @ 2:56 am

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