Tarea diaria
Tanto que me gusta escribir y tan poco tiempo que le dedico. No sólo a escribir sino también a aprender a hacerlo. Sí, practicando mejoraría. Practicando mejoré mi forma de sumar, de alburear y de conversar. Todos los sabemos. Pero yo hago caso omiso.
Miren, más bien no es que haga caso omiso. Eso suena a un complejo de culpa ya cansado. Lo que sucede es que cambio de perspectiva, de preferencias conforme pasan los días. Soy de esos que no tienen prioridades en términos cotidianos. Así pues, cuando me deslumbra la plata, voy por la plata; cuando la paja, la paja me domina (ya sea en el sentido americano o peninsular de la palabra).
A ver si aprendo de Jorge Harmodio Juárez a dedicarle los primeros 10 minutos de mis actividades. No se necesita más. Quién sabe si lo logre. A ver si aprendo que realmente escribir no me gusta tanto. A ver si me dejo de pensar que hago lo que no me gusta porque me veo orillado, en vez de reconocer que justo lo que hago, en lo que uso mi tiempo, es lo que realmente quiero hacer. Es posible que así me deje de grandilocuencias en mis soliloquios.
No sé y quiero tener testigos porque me miento mucho. Creo que todos nos mentimos más de lo que reconocemos. Tampoco está tan mal. Basta de escrúpulos y disfrutémonos más tal como somos.
Tengo pendientes algunos posts que se me antojan mucho. Compré un libro sobre Pablo y la invención del Cristianismo que está muy sabroso. Una bombita, de esas que deben ser echadas al interior del Vaticano. Una granada al estilo El dogma de Cristo de Fromm. Sobre el tema ya estaré publicando algunas reflexiones.
También, a partir de una discusión que sostuve hace poco entre algunos amigos/conocidos, quisiera compartir algunas opiniones sobre la cuestión moral. Ya en términos generales, ya sobre algunos hechos particulares contemporáneos y polémicos.
Me gusta esto de prometerme escribir; pensar que algún lector, desgraciadamente asiduo a mis desvaríos espere la promesa; concluir que realmente nadie tiene ni la más mínima ansiedad ni antojo porque esas palabras lleguen; mi antojo principal es mentir y desmentirme. Que sea mi tarea diaria.
