Monterrey
No porque tenga que escribir sobre Monterrey. No porque tenga que hablar de sus montañas, sus cafeterías, sus obispados, sus sus. No porque tenga que explicar por qué este post se llama Monterrey. No porque sepan algunos que estoy pasando unos días aquí.
Arrachera y cabrito. Cerveza.
Me describieron un restaurante 24 horas como bonito, limpio. Limpio, sí; bonito, sólo de lejos. Miren, si las regias no fueran guapas entendería por qué a este tipo de atrofiedades los regios les llaman artefactos bonitos. Sin embargo, sus mujeres están dos o tres puntos más arriba del promedio nacional (del cero al diez). ¿Por qué se atoran en tan mal gusto para todo lo demás? Hasta me atrevo a plantear la tesis de que todo mexicano sólo puede percibir y disfrutar con naturalidad hasta cierto nivel de belleza. Los regios cumplen su cuota con sus mujeres, por eso ya ninguna otra cosa más de lo que disfrutan es bello o de buen gusto. Su ventaja en términos de mujeres les genera un handicap en todo lo demás.
Claro, escribo esto sólo para ganar unos hits más en mi blog. Ni todo es como lo escribo, ni lo que escribo es todo lo que pienso. Pero para abrir fuego no quedaba mal. Este es como el párrafo donde pongo un disclosure para que no me balaceen mañana que salga a casa del Alex, ya sea por justicia o por nueva conciencia del mal gusto.
Debo confesar algo: en esta visita a Monterrey sólo he visto una mujer fantástica físicamente. Hay que consider que me la paso frente a mi PowerBook o discutiendo con Alex. El problema de mi falta de evidencias viene más de mi entorno que de la ausencia de elementos probatorios. En efecto, yo sí le creo a Alex y a muchos más que me hablan bien de ese tema. Mejor creer que estoy frente a mi PowerBook rodeado de mujeres bellas, que no creerlo. Es como un mecanismo de defensa: mi vida se torna más cotorra, más suave. Como quiera, ya practico otros mecanismos de defensa que hasta más ridículos y menos eficientes son.
Por cierto, aquí en Monterrey me veo obligado, por respeto a Alex, a publicar dos definiciones:
cotorro, rra.
1. adj. Méx. Dicho de una cosa: Bonita, atractiva, interesante.
2. m. Ur. Habitación modesta.
suave.
(Del lat. suāvis).
1. adj. Liso y blando al tacto, en contraposición a tosco y áspero.
2. adj. Blando, dulce, grato a los sentidos.
3. adj. Tranquilo, quieto, manso.
4. adj. Lento, moderado.
5. adj. Dicho, por lo común, del genio o del natural: Dócil, manejable o apacible.
6. adj. Méx. magnífico (ǁ excelente). U. t. c. adv.
Sí, usamos la primera acepción de cotorro y la sexta de suave. Y que conste en este post que estoy copiando del DRAE. Como quiera, en el uso está claro el significado.
Ayer un taxista aquí en Monterrey me dijo que su padre, que también había sido taxista, le repitió muchas veces: “el peso gira y hay que seguirlo”. Esto vino a colación de que para ganarme como pasaje se dio una vuelta prohibida. Y agregó: “Los tiempos ya no están como para decir simplemente: ‘pues está prohibido, entonces ya no hago nada. Uno tiene que buscarle y si no está el de tránsito, pues ganarle’. Me conmovió la filosofía de superación personal de este hombre. Me explicaba que los que no tienen ganas de trabajar, pues si hay un alto, pues no hacen más que detenerse, pero los que realmente quieren trabajar, los que le buscan y le luchan, pues se lo pasan, porque quizá haya otro que les va a ganar el pasaje importante. Entonces que más valía estar ahí antes.
Creo que cualquier comentario sobra. Aquí es fácil compartir la reflexión. No hace falta ser explícito.
Esto no significa que esto sólo pasa en Monterrey. Lo cuento porque me gustó la claridad con la que este hombre expuso las razones de por qué existe el “listillo” en México. Hacemos de un acto de pobreza cívica un elemento heróico. Los gringos serán los gringos y lo que queramos esgrimirles. Sin embargo, la paronimia entre The Law y The Lord es algo que tienen metido en la más íntima secuencia del ADN mitocondrial, por decir lo menos Decimos que son cuadrados, ridículos y hasta estúpidos en su respeto a la Ley (no que no haya delincuencia, tráfico de influencias y corrupción, hablo del gringo de Kentucky que a medio día va a comer su lunch en McDonald’s e incluso escoge los juegos de McDonald’s para la fiesta de cumplaños de sus bebos y hablo del profesionista que también respeta la ley por sistema), pero de pronto, la confianza que tienen en que si siguen la Ley van a estar mejor, es un avance en términos de civilidad que aquí no conocemos. Es decir, el tema de confiar en algo venido del Estado es un tema desconocido por aquí. Sí, confiar en un aparato anónimo es signo de automatización y para ello nos vacunaron con 1984 y A brave world. Pero tampoco tenemos por qué diferir tanto los hombres y mujeres no delicuentes en el cumplimiento de la ley.

Me da gusto que el viaje a Monterrey haya sido bueno. Es muy interesante la reflexión que haces sobre la mentalidad del taxista. Poniendo otras consideraciones aparte, es exactamente el fenómeno que observamos con algunoj políticoj que justifican sus violajiones a la ley simplemente porque las consideran injustas. ¿Será esa la explicación de su popularidad? Ojo que no estoy en contra del señor López, pero se me hace notable que los argumentos con los que el taxista justifica su abuso son los mismos con los que López justifica su ilegalidad, por pequeña (¿?) que ésta sea.
Comment by Juan — January 26, 2006 @ 10:15 am