Gustavo Muñoz - justavo, kanchenjungo, zipi

June 19, 2006

Poemas japoneses a la muerte

Estamos en la vena del adiós, del viaje a la nada. Ella camina juvenil: morimos igual hombres que perros que ballenas. Como dice el poeta Toko:

Los poemas a la muerte
son un engaño.
La muerte es la muerte.
Jisei to wa
sunawachi mayoi
tada shinan

Sin embargo, mientras sigamos vivos podremos sentir la oscuridad perenne como nos lo permitamos. Unos con el paliativo de que no es muerte sino viaje a mejor vida; otros simplemente como no-existencia. Lo que sea, pero en Japón han habido muchos hombres –monjes Zen y poetas de Haiku– que la han reflexionado originalmente, ya en su lecho, ya en sus brazos. Vale la pena escucharlos:

Muévete, oh tumba,
el sonido de mi llanto
es el viento del otoño.
Tsuka mo ugoke
waga naku koe wa
aki no kaze
-Basho
Últimamente las noches
amanecen
blancas como la flor del ciruelo.
Shiraume ni
akaru yo bakari to
narinikeri
-Buson
La corriente
es fría. Guijarros
bajo los pies.
Yoku mizu to
tomo ni suzushiku
ishi kawa ya
-Chiboku
Sopla si quieres
viento de otoño. Todas las flores
se han marchitado.
Fukaba fuke
hana wa sunda zo
aki no kaze
-Gansan
Cielo claro.
Por el camino por el que vine
vuelvo.
Sora saete
moto kishi michi o
kaeru nari
-Gitoku
Una hoja se va, y
otra se suma
al viento.
Hito-ha chiru
totsu hito-ha chiru
kaze no ue
-Ransetsu

No eres los otros

No te habrá de salvar lo que dejaron
escrito aquellos que tu miedo implora;
no eres los otros y te ves ahora
centro del laberinto que tramaron
tus pasos. No te salva la agonía
de Jesús o de Sócrates ni el fuerte
Siddharta de oro que aceptó la muerte
en un jardín, al declinar el día.
Polvo también es la palabra escrita
por tu mano o el verbo pronunciado
por tu boca. No hay lástima en el Hado
y la noche de Dios es infinita.
Tu materia es el tiempo, el incesante
tiempo. Eres cada solitario instante.

-Jorge Luis Borges (también conocido, presidencialmente, como José Luis Borgues)

Recuerdo a mi madre

Yo recuerdo a mi madre. Sus defectos, sus aciertos. Sí, la muerte da un sesgo más trascendente a cada acto que le recuerdas. Tienes que hacer la cuenta y el equilibrio. Debes tomar todo mucho más en perspectiva, de otro modo no estarías considerando que ya no existe más esa persona. Esto hace que algunos errores tengan un peso más ligero que cuando estaban frescos. Pero eso también es verdad con los aciertos… Excepto que tú mismo les des más peso y vivas mejor a través de los elementos positivos que te dio tu madre y superes los errores. De esa forma, depende de ti si los aciertos de tu madre están dentro de ti y los defectos fuera, atrás. Es muy constructivo saber qué quieres ser y qué no quieres ser. Para eso también sirve tu madre. Es decir, como en muchas cosas en la vida, depende de uno si cualquier experiencia te construye o te destruye.

Yo recuerdo a mi madre y me hace mucho bien recordarla. La amé, a veces color rosa, rojo, a veces gris, de pronto negro. No fuimos los mejores amigos, no podíamos conversar mucho. No tengo un nexo tan fuerte con alguien como el que tuve con ella. El amor no es rosa, no es de ningún color. Es un nexo que te hace caminar acompañado. Un ser amado a veces te guía, a veces lo guías. En ocasiones desprecia tu camino, en otras se enorgullece.
Una madre es como cualquier otro ser humano, excepto para su hijo.

Clichés para tu luto

Es curioso, pero para atravesar la muerte de tu madre puedes recurrir fácilmente a clichés baratos y no te va a ir tan mal. Siempre y cuando tengas la fuerza, la valentía de vivirlos a rajatabla:

  1. Dejar fluir tus sentimientos, no te reprimas.
  2. No dejé mi humor negro atrás. ¿Por qué lo iba a hacer?, ¿tengo algún compromiso con alguien que me impida reírme del absurdo de la muerte enfrentito de los vivos? Que se incomoden los que no pueden reírse de su muerte. Llora o canta, lo que quieras. ¿Qué tipo de prohibición está no escrita para vivir la muerte de tu madre?
  3. Sé tú mismo.
  4. Llora y ríe a tus anchas. No dejes que cualquier forma establecida de luto rija tu forma de vivir la experiencia.
  5. Aprende de toda experiencia.
  6. Claramente hay cosas que madurar dentro. Hay perspectivas que, aunque se antojan obvias, vivirlas tienen un sabor muy especial. Sobretodo si te permites saborearlas. Es como tener un hijo. Son elementos de la vida que van tomando su peso conforme pasa el tiempo.
  7. No dejes que las malas vibras te alcancen.
  8. Sí, la histeria colectiva está súper presente en el tema de la muerte. La lágrima colectiva, como ya comienzo a decir. De verdad, la gente llora más porque está junta llorando. Es como un efecto dominó muy loco. Sí, hay que decir por básica decencia, que todo mundo tiene el derecho de vivir su luto como quiera. Sí, no hay nada de nuevo en eso. Gracias a ese derecho –pasártela mal gracias a decisiones deficientes– hay tantos problemas en el mundo. Sí, está rico sentir compasión por uno mismo y llorar sabroso con más gente que te da pie a eso. No sé cuánto tiempo esté chida y positiva esa actitud. Llorar sí es positivo, no estoy en contra de ello. De hecho, me gusta llorar. Sólo no estoy de acuerdo en la onda colectiva que parece barril sin fondo. Claramente te pegan la vibra.
  9. Date tiempo para ti mismo.
  10. Vive un buen rato tu luto a solas. Aprende a ver qué sientes sin los demás. Escúchate, deja ir tus pensamientos y tus sentimientos a donde quieran ir. No te desboques por encontrar a otros que compartan tu dolor. Aprende a conocerte ante el dolor, ante la pérdida. Esta experiencia es tuya, no te la pierdas. No enajenes tu luto. No hay muchos tan fuertes en la vida.
También hay que entender que hay más gente que le duele el pedo de tu difunto. Hay que también consolar a quien está en el duelo. Es normal, las pérdidas son cabronas. Mucha gente siente la pérdida.
En fin, a mí me alcanza el llanto con facilidad. Los que me conocen saben que puedo llorar por Bambi o incluso por cualquier escena cursi de Hollywood. También por la muerte de mi madre. Pero llorar justo sólo por estar junto a otros que lloran no va conmigo. Prefiero llorar cuando me viene en gana, cuando decido meterme por ahí. Y un funeral es el tipo de lugares donde dos cosas (tan legendarias como erróneas) condicionan a la lágrima invencible:
  • Ya está dicho que si lloras entonces tenías los sentimientos correctos para el muertito.
  • La gente va al funeral a llorar y ver llorar.

Creo que por eso la gente que no va a llorar, que sólo va a acompañar le han hecho tan difícil esto de dar el pésame. No están en la superficie sicológica para meterse en el llanto colectivo y sienten que traicionan si ríen o simplemente están ahí acompañándote. No, no, no. No traicionan a nada, más que al llanto colectivo, a la superstición de que el llanto te cura de espantos.

Está bien. Sí, típicamente recordar significa llorar en esas condiciones. Pero también es totalmente justo recordar los momentos poco agradables. Hay que recordar a la gente como era. Claramente la gente se incomoda si hablas de lo negativo del muertito. Pareciera que sólo hay que acordarse de lo positivo cuando alguien muere: así está garantizado el llanto colectivo. Si recuerdas lo negativo le estás dando en la torre a ese monumento a la autocompasión. La verdad, qué hueva. Qué pedo con la gente. Me parece una actitud muy parecida a esta de tener religión. Mejor olvidar lo que no cuadra para tener algún paliativo psicológico que ayude al bienestar inmediato.

¡Caramba! se murió un ser humano, no un ideal, no un ejemplo de enciclopedia. Ya mínimo démosnos un luto más digno, más real, más humano.

Haiku IV

Viento largo,
atardecer agudo.
Muerte de mi madre.

— o —

Viento largo,
atardece en un instante.
Muerte de mi madre.

Haiku III

Mi cadáver,
lamento de leucemia.
Lodo en nieve.






















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