Gustavo Muñoz - justavo, kanchenjungo, zipi

May 11, 2007

Día sin madre

Se amarilló la sala con tus zapatillas. Te vaciaron las catarinas en el pelo. Estamos sentados. –¿Cuántas salas tenemos?

Tunick vino un rato. Se orinó en algunos comentarios. No hizo falta que él lo hiciera, había gente desnuda lista con su vejiga llena para vencer cualquier contratiempo. Miedos que no pueden llamarse miedos. Travel Pass, Elite Level. No funciona la terminal si es de esas de chip, señor. Teníamos efectivo para la pizza.

Eso me recuerda una visita a una librería del Fondo. Comprobé frente a todos que mi secuencia de ADN es la misma que guardan los chips de mis tarjetas. Como no se veía la banda de la firma, no la recibieron. –¡Pero es mi ADN!, dije en voz alta. –No aceptamos ADN, señor.

¿Cuánto tiempo debe pasar para hacer cenizas los huesos de mi madre? Son pedacitos de hueso. Hoy los vi. Los toqué a través del plástico. Ni los crematorios públicos son eficientes. Cuatro o seis horas y apenas consiguieron pedacitos de hueso. Antes de entrar a él me preguntaba qué tan disímbolo sería el ambiente de un crematorio público al de un baño público. No pude saberlo; nadie me lo dijo después. Puse atención en otra cosa: la muerta me atraía.

No tocarnos. Quiero fijar el lugar donde estaré sentado junto a ti. A tu lado: no confundamos la tertulia. La tensión de no saber una verdad que no interesa. Vivir en cuartos simétricos, separados por un cristal. Transparencia de piso a techo.

Insistes en tu calidad de animal. Lloraste sola en un tren.






















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