¿Quién soy?
No lo sé. Más bien no me recuerdo mucho. Volveré a hablar conmigo. He vivido por instrumentos durante mucho tiempo. Ha sido peligroso. Mal que bien he sobrevivido.
Mis desórdenes de sueño están totalmente relacionados con el hecho de que no quiero hablar conmigo mismo. Un día rompí la comunicación. Mi problema, mi miedo era: si me hago mucho caso, si hago lo que me gusta y destaco, seguramente no sabré manejarlo socialmente.
A mi edad mandaré lejos el tema social y el tema económico. Parece que es el mensaje que debo enviarme. Parece que primero me reconcilio, me devuelvo a mí mismo y luego vemos cómo resolvemos el tema social.
Puse mucho ahínco a resolver mi problema social y me olvidé de mí mismo. Ahora tengo que recuperarme. Saber quién soy bien a bien. Y de ahí saber qué quiero y cómo puedo querer.
¡Qué gusto y envidia estos seres que se conocen cotidianamente! ¡Qué lejos están de ser llevados por las presiones externas aquí y allá!
Yo lo que pude hacer antes fue escoger un poco qué elementos externos dirigirían y matizarían mi vida. Quizá por ese hecho no me hundí por completo. Fue por el buen gusto, pero nada más.
Por cierto que tenía y aún tengo nostagia de mí mismo. Hace algún tiempo sí me la pasaba bien conmigo mismo. Tengo que separar mis pasiones y modos del handicap familiar que heredé y/o aprendí de mi mamá. No hay por qué repetir el patrón. Pero antes de preocuparme por eso, simplemente voy a volver a conversar.
Hay tarea.
