Todos los minutos de esta noche
pesan
y quiero que abras tu boca
para colocarlos suavemente
entre tu lengua y tus secretos.
Violaremos los guardianes de tu boca
y este minuto que te pienso como diablo
caminará entre tu dentadura
como por un jardín
de esculturas paranoicas.
No te das cuenta porque duermes
pero te hago mal de ojo
magia
bendición eterna.
Lo deposité todo:
los gramos radioactivos
el hechizo en las ideas,
el soplo sutil en el aliento,
todo
en tus entrañas,
en tu bazo inflamado,
todo
en tus campos de cebada,
en tu garganta de hierro,
en tu parque de azúcar.
Como cualquier otro,
ya lo dijo un argentino santo,
de instantes estoy hecho
y en mi espera
no estoy más
porque las horas se detienen.
El tiempo se esconde en un estanque
cuando no te veo.
Me detengo
pierdo mi sustancia
me reduzco a lodo seco, porquería.
Dentro del lapso
en el que persiste tu vacío,
mi mente recorre vanamente
este cuerpo estéril.
Un fantasma vive dentro de mí
vivo sin tiempo
y apenas vivo sin ti.
A penas vivo
cuando no eres tú sino tu ausencia la que me habla,
la que me acaricia y canta.
Soy distancia, tiempo quieto, polvo
un orificio sin salida:
apenas soy
cuando te espero.
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