Gustavo Muñoz - justavo, kanchenjungo, zipi

May 31, 2008

verija / partes pudendas

Filed under: Personal

No cabe duda de que la RAE tiene un pasado embriagadoramente católico, recalcitrante.
La buena es que hoy hojear el diccionario es más un pasatiempo de caricatura que otra cosa, un buscar la comedia en medio de viejas usanzas.
¡Que disfruten!

verija.
(Del lat. virilĭa, pl. n. de virīlis, viril).
1. f. Región de las partes pudendas.

parte.
(Del lat. pars, partis).
~s naturales, ~s pudendas, o ~s vergonzosas.
1. f. pl. Las de la generación.

pudendo, da.
(Del lat. pudendus).
1. adj. Torpe, feo, que debe causar vergüenza.
2. m. ant. miembro viril.

May 30, 2008

el loco de la tía

Filed under: Poesía

yo me voy pa’ matamoros
un lago con leche en manantial
venga una violación
hoy soy tan fuerte que la acepto

estoy manejando de reynosa a monterrey
espero tu llamada

yo quiero ir a los cabos

nadie entiende mi visita fantasma a europa
pagaré el abogado que nos meta a la cárcel
una temporada en el reformatorio psicológico mexicano
cómo se me hacía baba
la boca

quiero tu saliva
ahí yo respiro confianza
no-violencia
decisiones que se hacen sin que tú las sepas
las quieres
las soportas
las apoyas
ahí te haces hombre
y ella mujer

esposita
amante
loca
carolia2

un tío se muere lentamente en guadalajara
bebe y vive de merlot chileno
¿dónde quedó su hígado?
¿dónde quedó el Ph.D. que haría en Mathematical Finance?

tengo entre mis manos el fracaso
lo convertiré en oportunidad:
buenos deseos sanbornsenses
hágase pendejo en sólo 12 pasos
idiotez permanente garantizada
pase

tomaremos oportunidades como otros toman oporto
te ofrezco una disculpa

mi madre me maltrató
mi padre se quedó quieto
como un eunuco

salud a los eunucos que se quedan parados
gracias a su avaricia
de paz propia
eunuco mata propiedad
(quizá tenga que decirlo al revés
¿cómo era papá?)
así grita la existencia de mi padre

le pregunté: ¿al menos te cogiste a otra mujer?

de mi mamá
desconfiaba de su lecho
no había cueva para la vulnerabilidad
felicidad
entre la violencia y
la calma: palabras llenas de amor

así te casas en toronto
así es que recoges nieve en invierno
en el patio seguro de tu casa
no, tú no eres ese
te lo reclamó cuando se moría

te compro un viñedo en Mendoza, linda
ahí estás saltando
ahí tenés tu refri que anuncia que las
argentinas
son las más lindas del
mundo

dónde está ana
dónde está la simpleza femenina

NO HAY NOMBRE MÁS SIMPLE QUE
ANA

los hombres no requerimos nombres simples
o al menos eso decimos para no ponernos debajo de ellas
¿ano?
eso es una mentada de madre
no un nombre
¿anacleto?
aún te recuerdo, viejo
¿quién puede llamarse con un nombre único y simple?
gusmohan
tony
gus

ella piensa que espero un hijo
todo equivocado
todo malentendido
¿cómo llegamos aquí?
¿qué ticket usamos?
sílaba-mentira-traición

no es mía
aún vive con otro
yo vivo con mi edredón
soy
sancho
panza
loca lonja de mi mente
que produjo una tarjetita
que dice con letras de colores:
“licencia-para-amarla”
no tiene caducidad.
“usted tiene permiso de llamarse
sancho panza
indefinidamente”,
me dijo con la mirada fija.
entonces me quedé tranquilo

confío en mi amor propio
¿nelson mandela?
¿gael?
¡el loco de la tía!

May 15, 2008

día-eme

Filed under: mamá-muerta

Ya lo tenía pensado. Iba a levantarse temprano, tomar la bolsa donde tenía guardada a su mamá y la llevaría a pasear. El plan le salvó de esa envidia que había sentido el año anterior cuando vivió su primer día-m sin madre. Al menos le protegió durante unos días. Tenía la convicción de evitar conversaciones maternales posteriores al día-eme. Todo el espectáculo y proceder terminaría ese día en algún cine de la ciudad o un café acomodado para mamis bien en Bosques, a donde a su mamá le hubiera gustado crecer.
Ernesto no se levantó temprano, había asistido a una presentación de un blog que se extendió hasta que un licuado de mamey tergiversó todas las palabras de los invitados. Cabe informar que desde el estreno de Musofobia, el blog comenzó a cobrar más y más relevancia en los círculos literarios, hasta que se convirtió en el anhelo de todo escritor serio. Las presentaciones de blogs fueron más selectivas que las de cualquier otro género y hasta se construyeron espacios reservados para la puesta online de los que prometían más talento.
Cuando se levantó, buscó entre sus notas la lista de actividades que había planeado para celebrar el día-eme:
1. Bañarme.
2. Cepillarme los dientes. “Después de todo mantendré intimidad en las pláticas con mi madre”, se dijo después de escribir este punto.
3. Localizar en Google Maps los cuatro o cinco destinos de paseo matriarcal.
4. Revisar la pila y el espacio disponible en la memoria de la cámara fotográfica.
5. Entrar a weather.com.
6. No desayunar omelette con queso y aguacate; iba a pasar el día con su madre: cualquier cosa podría pasar.

Salió de su casa pensando que un buen paseo, con sol y aire fresco le acomodaría bien a su mamá. Después de todo, su mamá no había salido ni una sola vez a partir de que llegó a su departamento. Había estado muy callada y con una interacción que no se exageraba si se etiquetara de pasiva en extremo. La había dejado a principio de enero en su cajita café en el clóset de la recámara que da a la iglesia y cuando volvió a mediados de marzo, su mamá seguía ahí, con la misma parsimonia que la había dominado en los últimos 18 meses.

Unos meses más tarde Carmencita, su hija, le pidió que la sacaran de la cajita, pues quería verla. Interactuar con ella. Desde ese día, la mamá de Ernesto disfruta de la luz solar, a través de la ventana. Ha presenciado atardeceres que dejarían boquiabierto a cualquier topo que recuperara la vista. Carmencita había tenido una relación muy estrecha con su abuela. Pero tenía tiempo que eso había cambiado radicalmente. Ernesto le insistía asiduamente que le llamara a su nieta, que dónde había quedado esa pasión, ese amor por la pequeñita. Nada. Ni una sílaba. No podemos culpar a Ernesto de que la declarara clínicamente deprimida. Cuando Carmencita le llamaba fuertemente, con esa energía y desenvolvimiento que la caracterizan, Ernesto volvió a guardar una pizca de esperanza. Nada. Ni una palabra, ni una caricia.

El día-m, Ernesto finalmente tomó algunas fotografías. Caminaron (en realidad su mamá no hizo ningún esfuerzo, se negaba tácitamente a caminar) del Zócalo al Hemiciclo a Juárez y no conversaron ni una palabra a pesar de que Ernesto le hablaba con un cariño ejemplar. “Mamita, pero anímese. Le he preparado un día muy especial. Si usted coopera, seguramente se divertirá mucho y cambiará ese rictus tan pulverizado que mantiene desde hace meses”. Nada. Ni un guiño, ni una sonrisa. Nada. Sólo se mecía con cada paso que Ernesto imponía en el asfalto.

Como sea, él la pasó bien. Su mamá le pasó el día lo mismo que cualquiera anterior. No probó su pastel ni el arroz con mole poblano que tanto disfrutaba años atrás. Ernesto sólo tuvo como consuelo que parte de su mamá estaba viva y saltarina en cada célula de su propio cuerpo: mitad su madre; mitad su padre. Desde ese año decidió no festejar a su madre directamente, ya había tenido suficientes desaires. Lo haría a través de lo que él mismo poseía de ella.

May 13, 2008

The vicious cycle

Filed under: Personal

Any resemblance to actual persons living or dead or to any real events is purely coincidental.
The vicious cycle

May 8, 2008

Patricia

Filed under: kanchenjungas

Kanchenjunga es Patricia entre patricias.

patricio, cia.
(Del lat. patricĭus).
4. m. Individuo que por su nacimiento, riqueza o virtudes descuella entre sus conciudadanos.

May 6, 2008

Rexo

Filed under: Poesía

Éste lo escribí allá entre mayo y junio de 2002, cuando visitaba a menudo la guarida que crea la intersección de Vicente Suárez, Saltillo y Nuevo León.
Con un par de mandarin tonics pude entregarlo al papel.
Con suerte regresó 6 años después y pude pincelarlo. Como quiera, no era justo quitarle ese olor a rancio. Sólo lo pincelé, no lo traicioné. Así nació: no iba a torturarlo. Le quité y le modifiqué algunas voces; el sentido y la superficie persisten.
Acá lo comparto para que no vuelva a extraviarse.

Rexo

Apenas rexo tu presencia
y triunfas
sobre ventanales
de luz alcohólica
y mentira a sombras.

Nada persiste
sobre tu voz y rostro
que saturan la imagen
que el Rexo forma
delante de mis ojos.

Yo rexo si estás.
Rexar es fingir ser un comensal
con el truco a medias
de seguir tu línea
robar tu aliento
y mal-versar tu cuerpo.

Ojeo sonrisas de otra mesa:
no logran desviarme.
Mi trayectoria
la trazas decididamente
en este sitio.

Un mito que se encarna
entre tu semblante y tus pisadas
ha cazado mi mirada.

En esta comarca
mi vista carece de opciones:
no tengo variedad
y te celebro.

Todo lo que contiene
la frontera de cristal y aluminio salmonado,
el sabor de los arenques
y el desplazamiento gentil de los licores
te pertenecen inmemorialmente.

Un dios erguido
te declara dueña
de cada sitio que caminas.

Yo sólo soy testigo
de tu modo
soberano
de poseer lo que transitas.

Ahora mismo me atraviesas.






















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