Morir y chupar faros
Hoy mi mamá cumple dos años que falleció. Está bien, así se dice y la gente entiende qué cara tiene que poner y emplea sus herramientas de empatía y demás. Todo eso es sabroso y bueno; yo mismo lo hago y disfruto dar soporte a los amigos. Otras formas honorables que me divierten incluye entre otras “se nos adelantó”, la simplona “murió” y cuando el deceso es muy reciente es muy común que la llamen “el cuerpo”, “el cadáver”, “la finada”, “la difunta” o más mexicanamente “la difuntita”. Todas esas son honorables; se pueden decir en casi cualquier foro y circunstancia.
Pero los mexicanos tenemos formas más chuscas para llamar a la muerte y celebrarla. Y me gusta también contar así que mi mamá murió. Así que aquí van esas formas, mezcladas con algunas reflexiones rápidas. Así es como más me gusta mencionar mexicanamente la muerte de mi mamá.
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Mi mamá chupó faros hace dos años. Ayer un familiar muy cercano trataba de recordar algo que había pasado y decía que tenía como 2 años o más de eso y dadas las circunstancias del hecho, estaba implícito que mi mamá ya había bailado para ese momento. Ese episodio pasó hace poco más de un año. Lo que resultó revelador para mí es que, a pesar de que mi mamá colgó los tenis hace apenas dos años, hay familiares muy cercanos que ya muy pronto perdieron del radar que hoy mi mamá cumple dos años de que se la cargó el payaso. Está bien, yo tampoco soy adorador de aniversarios. Es más, no estoy seguro que hoy sea el mero día. Cuando tomó pista lo último que hice fue memorizarme la fecha. Tuve otras cosas más íntimas qué pensar y sentir. Pero, como sea, me llamó la atención.
Revisando con más cuidado toda esta situación, creo que no se puede decir que mi mamá cumpla dos años de que se la chupó la bruja: mi mamá ya no cumple nada. No existe más, de modo que no es posible que realice acción alguna. Somos nosotros, más bien, los que hemos vivido dos años más desde que a mi mamá se la llevó la dientona.
En estos 24 meses desde que mi mamá estiró la pata he reconfigurado muchos elementos que ella dejó en mí a pesar del sano distanciamiento que tuvimos por algunos años. Desde que entregó el equipo, yo he podido volver a pensar y acercarme a mi mamá con mayor confianza sabiendo que más daño no podrá venir; por el contrario, puedo volverme a ella y, por un lado curar y entender, y por otro, reentontrar algunas joyas que había en su proceder.
Recuerdo el momento justo cuando se petateó, después de una agonía de 48 horas, más o menos. Creo que es el recuerdo que más dolor me causa de todos los que tengo. Ella no quería clavar el pico, incluso después de que el corazón reventó, aún tuvo el reflejo de volver a respirar una vez más. Ese fue el último. En ese instante no sólo ella mamó, sino también muchas cosas más. Sin embargo, se trata de una muerte que, estoy decidido, tiene que servir para muchas cosas que ella hubiera querido hacer bien y que no pudo hacerlas así. Tengo algunas tareas que terminar antes de que me lleve Judas.
Mi madre se fue a Morelia. Su familia es de Michoacán y justo pasó algún tiempo de su infancia por allá. Para los que gustan de ver todo como un ciclo, pues ahí está otro más para su colección.
Eventos simpáticos, por llamarles de alguna forma, los hubo cuando se supo que ya morongas.
Le avisamos al servicio funerario. El diálogo no lo escuché pero lo adivino (cualquier mexicanismo es de mi autoría, Andrea, quien avisó, quiso mucho a mi mamá y la cuidó heróicamente, fue una muestra infinita de amor y cuidado):
- Llamo para decirles que ya bailó Berta las calmadas.
- ¿Yamamoto?
- Sí, ya caminó.
- Bueno, terminamos de comer y vamos para allá.
Pasaron como 40 minutos de que mi mamá se había enfriado y el servicio no llegaba, entonces volvimos a llamarlo, porque ya querían llevarse el cadáver. Aquí el diálogo (de nuevo, los mexicanismos son míos):
- ¿Bueno?
- Sí, ¿qué pasó?.
- Pues ya ve que a Tony se la llevó Pijas, necesitamos que vengan ya.
- Ah, sí. Es que vinimos a comprarnos unas chamarras porque teníamos un poco de frío. Pero ya vamos para allá.
Claramente yo no juzgué ni juzgo la reacción del servicio funerario. Cada quien reacciona cuando a alguien se lo carga la huesuda de manera diferente, cada quien se protege de forma diversa y con todo derecho. Pero como sea, la anécdota es una joya.

Cuando mi jefe bailó yo tenía 14 años. Se nos petatió en los brazos, en un accidente. Mi jefa un día antes, despintándose frente al espejo, como quitándose una máscara, comenzó a llorar. Nunca lo olvidaré, le gritaba a mi jefe: “nos vamos a morir, no sé si tu o yo, pero pronto nos vamos a morir”.
Mi madre era una típica ama de casa. Dos años antes de que mi jefe se fuera, súbitamente, decidío aprender sobre el manejo del negocio de mi jefe, decidó arreglar todos los asuntos de herencia y de seguros.
Como quien planea, como quien vislumbra. Cómo la más culpable, cómo la más amorosa.
Son extraños los misterios ante el abismo de lo ininteligible. Vamos cargando a los muertos desde mucho antes que se mueran y nunca los dejamos de cargar.
Como mi jefa, como tu padre..
Comment by Armando Alvarez — June 16, 2008 @ 12:07 pm
Mi tía falleció hace dos años, un viernes por la tarde como a las 5.30pm. Trato de no recordar los últimos días pero es difícil, la veo en agonia y aún duele, supongo que siempre me dolerá.
Han pasado dos años y en esos dos años han pasado tantas cosas. Me casé y ella ya no estuvo, sólo en mi corazón.
La extraño y siempre la extrañaré con sus cosas buenas así como sus defectos.
Quiero recordarla cuando sonreía o cuando me desesperaba y hasta me hacía enojar. o lo mucho que disfrutaba jugar cartas con mis papas.
Comment by Paty — June 16, 2008 @ 4:56 pm
Mi abuelita murió hace casi ya cinco años y mi padre hace ya más de 22. Cuando murió el segundo, me daba terror la muerte, pero después de ver fallecer a mi abuelita, la muerte se convirtió en un concepto de transición de que es parte de la vida. “Me llevará la que me trajo, ya sea tarde, ya sea temprano”.
Comment by Antonio Lopez Reyes — June 16, 2008 @ 6:47 pm
Si, ya son dos anios de que murio mi tia. Yo no estuve cerca de ella en sus ultimos momentos, pero la quise mucho y la extrano mas, sobretodo cuando voy a Mexico y no la puedo ver. Generalmente la recuerdo con su sonrisa, riendo y agitando su abanico porque siempre tenia calor. Pero este mes he pensado mucho en que gran parte de su vida sufrio, en su adolescencia y en sus ultimos anios de vida. Y quizas mas…
Comment by Mauricio — June 16, 2008 @ 9:56 pm
Pues yo la recuerdo riendo, gritando, jalandole el cabello a “Don Mauricio” e insultandolo. La recuerdo siempre contenta. Tu mama fue una persona muy fuerte que lucho mucho por la vida, finalmente la “huesuda” como tu la llamas le gano. Pero me queda el recuerdo de ella, como una persona feliz y carinosa. “Dichosos aquellos que no vieron su agonia”
Comment by Dalia Torres — June 18, 2008 @ 5:53 am
me ha encantado tu blog !!! mi jefa tambien se la cargo la bruja hace 24 meses y 22 días !!!! asi que se perfectamente a que te refieres. Este año, decidi irme con mis amigas a Celebrar la vida !!!! me pegue una comilona en super restaurante y brindé a su salu y por supuesto….. hice una foto en su honor !!!
y aunque pasen los dias…. aunque cada dia salga el sol, mi primer pensamiento siempre es en recordar su nombre.
Amigo te mando un beso y sobre todo un gran pero gran abrazo !!!!
Comment by Angelica Rábago — June 20, 2008 @ 2:25 pm