Elocuencia gráfica
Y creamos,
Kanchenjunga,
con las palabras
que nacieron de las manos
un río rojo
alimento del silencio,
sonrisa de la muerte,
oscuridad de la memoria.
Fondo manso y
dolor que bebemos sin decirnos.
Cargamos el subsuelo
que lo sostiene
obstruyendo
su caída de acero.
Volverá a caminar
en el futuro incierto.
Hay noche
en sus aguas.
Secreto de rocas-camaleón
en nuestro deseo
ahogado, callado.
Cruzó un río por nuestra boca.
Manantial
nacido de nuestras entrañas
alimento de jabalíes,
instrumento de nuestra herida.
¿Y ahora cómo le hago si he olvidado cómo vivir? Olvidé mi nombre y mi sobrenombre. Me pongo a caminar por la ciudad y olvido todos mis pasos. El mundo me hace cuágulo, renacuajo, chipote. Olvidé cómo comer. Trago pero no como. Estoy bajo la lluvia y me acecha la angustia porque he olvidado cómo nadar y cómo secarme. El trabajo es un recuerdo nebuloso, gris. Las caras, los avatares todo me resulta familiar, excepto yo. Es decir, no es que no reconozca mi rostro o mi ombligo. Sí, son los mismos camaradas de siempre. Pero es la percepción de mí mismo la que me abandona, la que salió por la puerta o la ventana y no ha vuelto.
No sé si esta es la experiencia de la muerte, si lo fuera estaría muy decepcionado. Esta sensación es insípida, ni siquiera se ocurren poses heróicas, frases románticas con las que cubrirse el frío. No, nada. Si la muerte fuera esto, de verdad que qué desilusión. Tanta palabra, tanto arte, tanto odio y amor por la muerte para que resultara este vomitivo insípido, insaboro que hoy tengo. Por eso no. No lo creo. La muerte debe ser otra cosa. Lo mío es peor, más desagradable.
Lo mío es el olvido. He olvidado. No me recuerdo. Estoy sujeto y no conozco lo que me sujeta o al menos, digo, lo he olvidado.
Yo soy polvo, olvido, deshecho. Eso ya es mucho decir. Decir en altavoz yo soy tal y cual es una grandilocuencia que no me queda. He olvidado quién soy, cómo es que se vive, para no hablar del para qué. No sé si yo sea polvo olvidado, sólo sé que estoy olvidado de mí y de los otros.
Sólo conservo un recuerdo. Suficientemente doloroso para preferir no ir en busca de otros más ni de generar nuevos. Ese recuerdo sustituye y conforma todo. Desaparecer en el olvido.
Estoy muerto y no quedo en la memoria de nadie. Estoy muerto y maldigo la muerte y mi memoria que ha dejado de asistirme. Olvido del deseo y del rechazo.
Olvido del olvido y de mí, olvidado.
Vida olvidada, muerte que no se olvida.
Mucho se discute sobre el uso de India, indio, hindú en el español. Aquí algunas referencias que ayudarán a disipar las confusiones conexas a este tema.
Podemos leer en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española la entrada “indio, dia“:
indio, dia.
1. adj. Natural de la India. U. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo a este país de Asia.
3. adj. Se dice del indígena de América, o sea de las Indias Occidentales, al que hoy se considera como descendiente de aquel sin mezcla de otra raza. U. t. c. s.
4. adj. Perteneciente o relativo a estos indios. Traje indio. Lengua india.
Ahora leamos sobre “hindú”. Podemos leer su definición también de la vigésima segunda edición:
hindú.
(Del fr. hindou).
1. adj. Natural de la India. U. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo a este país de Asia.
3. adj. Perteneciente o relativo al hinduismo.
4. adj. Partidario del hinduismo o adepto a él.
Que ya nos indica que es una traducción del francés. El problema de esta voz es que puede confundir el gentilicio con la religión. En India hay más de 300 millones de musulmanes que se ofenderían si les llamamos hindúes. Atendiendo a este problema y reconociendo que “hindú” viene a nuestra lengua por una traducción directa del francés, la Real Academia Española, en su sitio web, ya da el avance de la siguiente edición del diccionario enmendando esta entrada:
hindú.
(Del fr. hindou).
1. adj. hinduista. Apl. a pers., u. t. c. s.
2. adj. Natural del Indostán. U. t. c. s.
3. adj. Perteneciente o relativo a este subcontinente.
Donde queda claro que la primera acepción se refiere a la religión.
Sobre la mención del país (India) sin artículo, la Real Academia Española nos dice en su Diccionario Panhispánico de Dudas:
India. En español, el nombre de este país de Asia se usa preferentemente precedido de artículo: “Un sismo demoledor sacudió ayer la India y Pakistán” (Siglo [Pan.] 27.1.01). Su uso sin artículo, que se da especialmente en textos periodísticos y que puede deberse en parte al influjo del inglés, no es incorrecto, aunque sí minoritario y, por ello, menos recomendable: “La primera ministra de India, Indira Gandhi, perdió las elecciones en 1977″ (NHerald [EE. UU.] 11.1.98). Su gentilicio es indio, aunque también es admisible el uso de hindú.
Recapitulemos:
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Para Marta y Mauro. Anfitriones mágicos. |
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Te pierdes en el canto, en el borde: nadas con la frontera y el pie compartido amistad ojos verdes y azules yara, mauro, marta, magia, yuri una cuadra de caballos un llavero inexistente no, creo que no lo haremos una nota en medio de una novela las palabras a ti es a la que sueño |
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