Río
Y creamos,
Kanchenjunga,
con las palabras
que nacieron de las manos
un río rojo
alimento del silencio,
sonrisa de la muerte,
oscuridad de la memoria.
Fondo manso y
dolor que bebemos sin decirnos.
Cargamos el subsuelo
que lo sostiene
obstruyendo
su caída de acero.
Volverá a caminar
en el futuro incierto.
Hay noche
en sus aguas.
Secreto de rocas-camaleón
en nuestro deseo
ahogado, callado.
Cruzó un río por nuestra boca.
Manantial
nacido de nuestras entrañas
alimento de jabalíes,
instrumento de nuestra herida.
