Guaynabo
No queremos ser más fantasmas a dúo,
mitos de gargantas silenciadas,
ni solamente
la creación más acabada
de nuestras vísceras
y sueños.
Somos mujer y hombre
con las manos llenas de futuro,
que no existe aún
pero que es plan valiente y sereno,
creación cotidiana.
No vivimos más en nuestras mentes:
hemos encontrado la voz y la carne;
la humanidad entera la reconozco en ti;
adivinas conmigo una promesa de vida grande
y articulas las respuestas más sonoras
cuando ves tu mano que se dibuja por encima de la mía.
Me acerco a ti definitivamente
porque reconozco la diferencia
entre el paraje y el laberinto,
entre la luz de artificio y la claridad meridiana.
Tú le das el viento y el sol
a la selva y al bosque que llevo dentro.
Has sabido guardar todos los frutos
para el día decisivo.
Y hoy sientes a esa mañana tocando la puerta,
caminas en la cuerda de la valentía
porque cuando estoy contigo
escuchas el mismo latido
distintivo,
inconfundible,
rotundo y hogareño
en la raíz de tus entrañas
y en la sustancia de las mías.
Una marca que persistió al silencio
a la noche,
al miedo,
al error repetido
me llevó a ti de nuevo.
No pudimos más que rendirnos.
¡Feliz derrota de las necedades!
Vulnerabilidad total y declarada
en el instante del Morro en mis ojos,
en el lienzo de tu boca y
tu mirada titilante
con el temblor del iris de la mía.
Dos conciencias que calladas confesaban lo que a gritos ya sabían.
Yo quiero beber de tus ríos,
traspasar tus veredas,
vestirte con orquídeas y girasoles,
humedecer tus valles donde el Sol se queda quieto
y darles a comer el pasto perenne
de mi boca.
Para existir plenamente uno en el otro
nos llamamos,
nos retamos al diálogo.
Quiero que me toques
y me peines;
cocinarte y
estremecerte cuando me estremeces.
Tú lo quieres cien veces más
y yo un millar.
Queremos todos esos años
de deseo abstracto
de recuerdos taciturnos
de vida sostenida en la memoria
convertidos en el diario esfuerzo de ser uno con el otro,
todos esos días morfeados en el hierro del amanecer
y transformados en el tenaz alimento
ora dulce
ora firme
de aprendernos muy juntos en el secreto de la noche,
de conversar abiertamente de día con la faena acrisolada,
de esperar en el cansancio del otro,
de crecernos en el roce de los afectos y las ideas,
y de recrearnos en el poder de tu vientre con mi vientre
sumarnos, multiplicarnos infinitamente
para que este viento
perdure como mi sangre quiere permanecer en tu sangre
y mi arcilla en el altar de tu cintura.
