Gustavo Muñoz - justavo, kanchenjungo, zipi

January 4, 2009

Los privilegios de la India

Filed under: India

Vivir en India ha sido un privilegio. Y lo dejo ahí porque hablar de India me da diarrea, pero una diarrea multitudinaria, compuesta, donde se yuxtaponen piedras, flores, colores, mierda, suciedad, mármol, templos, belleza, multitudes, palacios, inocencia, otredad, fealdad, identidad, sabores, cuchitriles, soledad, música y silencio. India el caleidoscopio. India como un aparador que te traga y te prohibe, concediendo que estás suficientemente vivo, simplemente verlo como quien visita un museo o una cárcel o un palacio o un sanatorio o un manicomio. India, como cualquier otra cosa entera, completa, redonda, húmeda, no se revela si no entras en ella.

January 3, 2009

Muerto

Filed under: Personal, Poesía

Hoy me he dado cuenta que he muerto. Ya no soy. Al menos no soy el que conocía. En muy pocas cosas me reconozco. Tan pocas y de tal manera superficiales que podría tratase de cualquier elemento más bien peregrino, común a cualquier otro hombre.
No es que hoy sea nadie. No. Simplemente soy una muerte. No la muerte que actúa e infunde temor en los niños y esperanza en los ancianos. Tampoco la muerte a la que típicamente le deben la taquilla esas películas de terror japonesas o americanas. No, simplemente una muerte. Mi muerte, si me toman en mis horas humildes.
Me reconozco, por dar un ejemplo, en mi letra cuando escribo sobre mi bloc de notas. En otras cosas también pero que me guardo como cuando una mujer se guarda los dedos en su sexo cuando está sola.
La muerte, natural y tranquila. Murió Gustavo. Y tampoco hay que llorar. Nadie lloró cuando nací y vaya que si hubiera habido un poco de sinceridad, de honestidad, sobraban razones para hacerlo.
Mi muerte, como muchas otras situaciones, son cosas que pasan. Vaya, que me pasan, al menos. Y seguirán pasando, me atrevo a adivinar. Hay que bendecir la serenidad y eso es lo que pido a los que escuchan mi veredicto.
Tampoco es que hoy, al menos puedo jactarme de eso, yo sea tan crédulo o tan imbécil como para creer necesariamente que los nuevos días serán como un Nuevo Mañana con florecitas amarillas y pistilos color naranja adornando el horizonte. (Y a ver, no, no es negro: basta de movimientos heróicos, que sólo translucen y apestan a cobardía).
Muerte. Simplemente es en mí. No es que esté muerto. No estoy muerto. He muerto, que es diferente.
¿Quién puede decir que entiende a los muertos o que se entiende con los muertos? Nadie escribe desde la muerte. Sólo un muerto tendría derecho a escribir sobre la muerte. Todo lo demás son preguntas sin respuesta. Todo lo demás son mentiras. La muerte y la verdad os harán libres, ¿habrá alguna mentira más grande que esa?

Pena de muerte

Filed under: Poesía

Tengo una pena de muerte
Muero de pena
Muero de pena de muerte
De pena muero
De pena, la muerte
Un pene de muerte
Pene de muerto
Muerto de pene
Muerto de tanto pene
Muerte de tanta pena
Muerte de Pune
Pune de muerte
Pune del hijo que muere
Hijo muerto de pena
Hijo y muerte del pene
Cabeza de muerte
De cabeza muere
Pene y cabeza de muerte
Morir de cabeza
Morir sin cabeza
Pena y cabeza
Besa la pena
Besa la muerte
Besa, la muerte
Pene que besa la pena
Pene orinado de muerte
Pene de muerte orinado
Muerte y boca del pene
Boca que besa y escupe la muerte
Boca de pena
Boca de muerte
De boca a la muerte






















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