el fraccionamiento
y pasé de frente
cantaba en colombiano
pasé de nuevo
leí cada detalle
sentí los lugares de tu mente
donde llevas
donde guardas
esas formas
esos afectos
no me atreví a entrar
un día me desalojaste de tu vida
y pasé de frente
cantaba en colombiano
pasé de nuevo
leí cada detalle
sentí los lugares de tu mente
donde llevas
donde guardas
esas formas
esos afectos
no me atreví a entrar
un día me desalojaste de tu vida
Cerrar o abrir definitivamente
esa herida, la historia, esa soledad, esa incomprensión, ese dolor, ese tropiezo, esa violencia, esa coyuntura, ese desencuentro, esa coincidencia,
esta distancia, este silencio.
A veces necesitamos entrevistas, no sólo entreoídas.
Ojalá todos estuviéramos atentos a ello.
Ojalá todos lo supieran.
Octubre. ¿Cuántos meses uno necesita para borrar un mes errado? ¿Cuántos Kanchenjunguita?, ¿cuántos Zipizapa?
Octubre, para los tucapalis, era el mes de muerte. Yo me hice uno con ellos durante esos días.
Fundé un pueblo muerto, fundé un pantano.
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Y el vacío –que no Kanchenjunga– tomó forma en el Caribe profundo. El canto del coquí es el eco de su voz. |
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Un nuevo sol de coco se levanta. La noche de coquís duró diecisiete años. Tu rostro y tu silueta dibujados con el polvo con el viento en la memoria de mis manos, mi memoria grabada en tu memoria. Te dejé una cajita |
Y creamos,
Kanchenjunga,
con las palabras
que nacieron de las manos
un río rojo
alimento del silencio,
sonrisa de la muerte,
oscuridad de la memoria.
Fondo manso y
dolor que bebemos sin decirnos.
Cargamos el subsuelo
que lo sostiene
obstruyendo
su caída de acero.
Volverá a caminar
en el futuro incierto.
Hay noche
en sus aguas.
Secreto de rocas-camaleón
en nuestro deseo
ahogado, callado.
Cruzó un río por nuestra boca.
Manantial
nacido de nuestras entrañas
alimento de jabalíes,
instrumento de nuestra herida.
Un poco antes de medianoche, ayer morí.
Resucité a partir de las 7.15 de esta mañana en una esquina extraña y fría.
Resucitar no es fácil. Se require voluntad y unas manos que tomen tu cara. Resucitar es confuso. Se logra lentamente.
Absolutamente necesario, irremplazable es el efecto sobrenatural que todos los elementos de Kanchenjunga logran. El origen de la vida se encuentra en ellos.
Morir es negro. Dejar de ver. Ser envuelto por un solo elemento. Horrible, oscuro.
Todo el campo visual se concentra en un solo asunto denso y negro.
La muerte es la muerte, dijo el poeta japonés. No valen poemas ni imágenes. Su realidad es el vacío, la ausencia de realidad.
Ayer morí.
Vivió un domingo complicado.
Piensa.
Siente.
Duerme.
Lee.
Está acomodando muchos sabores
Está rompiendo los sillones en dosis pequeñas para asimilarlos a tiempo.
Para distinguir los nutrientes
Para separar las sombras
Para levantarse de mañana
Entera
Brillante
Cordero en cuello, más elevada que el Sol
Toma electrolitos
Camina sobre almendras que le prueban su equilibrio.
Sus labios son una dirección azul donde uno adivina el horizonte
Palabras
Voluntad
Desenvuelve sus sábanas en el devenir
Cuando las retira nuevos pilares aparecen
Vienen cardenales a beber y armadillos a recrearse
Pienso su cadera precisa donde toman fotos las nubes y los amaneceres.
Kanchenjunga es Patricia entre patricias.
patricio, cia.
(Del lat. patricĭus).
4. m. Individuo que por su nacimiento, riqueza o virtudes descuella entre sus conciudadanos.
Lo que yo no he entendido es que para ser el protagonista de una historia melodramática hay que sufrir. No un ratito, pero tampoco sin esperanza muda. Ándate a sufrir, pues, dice Kanchenjunga. Respondo que prefiero inventarme historias que viva durante una sola noche, tan melodramáticas como pueda. No cabe duda que apesto a comodidad burguesa.
Muchos me preguntan, majaderías más, majaderías menos: ¿qué chingados es Kanchenjunga?
El siete de diciembre de dos mil siete le contesté a un amigo en un comentario en este mismo blog lo siguiente:
Kanchenjunga hoy ocupa espacio, el mejor; ocupa tiempo, el más intenso. Es la vigencia en vida. Pero podría convertirse en recuerdos. Kanchenjunga es una persona, es un linaje, es una herencia. Pero podría convertirse en mero personaje de ficción. De una ficción milagrosa enclavada en el pasado.
También puede continuar siendo el día de mi futuro y mi presente; el aire que respiro y los duraznos con los que cocino. Puede ser la fundación de un mundo diferente, que nos pertenezca a nosotros y a los que se quieran acercar a compartir nuestra fortuna.
Kanchenjunga es. Ojalá siga siendo hacia el futuro. De otro modo, será un recuerdo difícil de permanecer como recuerdo.
Yo también soy Kanchenjunga, Kanchenjungo.
Hoy estoy más seguro que nunca que no será recuerdo, sino alimento de vida. Kanchenjunga, hoy más que cualquier otro día es mi incesante tiempo, mi sustancia, diría Borges.
Kanchenjunga está triunfando. Faltan pocos detalles para que tomemos el trofeo que se llama fuerza, pasión, vida, amor, reproducción, carcajada resuelta. La gran batalla ha sido ganada. Ahora resta madurarnos como vencedores de nosotros mismos.
Esperamos un kanchenjunguita para septiembre. Para septiembre.
Los osos no vendrán. No nos comerán.
No iremos más al Polo Norte.
Ocho kanchenjunguitas. Ocho.
Los kanchenjungas y los zipizapos comemos osos pequeñísimos, ya como postre, ya como aderezo.
Kanchenjunga vendrá algún día con el día y con la noche.
Cuando llegue todos lo sabrán. Pero sobretodo Kanchenjunga y yo.
La espero con un mazapán entre los labios.
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“Después de la fundación de Europa, Kanchenjunga descansó un noche en Gibraltar.” -Del Libro de Sikkim, 8:16. |
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Todos los minutos de esta noche pesan y quiero que abras tu boca para colocarlos suavemente entre tu lengua y tus secretos. Violaremos los guardianes de tu boca No te das cuenta porque duermes Como cualquier otro, Dentro del lapso |
espulgar.
1. tr. Limpiar de pulgas o piojos. U. t. c. prnl.
2. tr. Examinar, reconocer algo con cuidado y por partes.
3. tr. Limpiar la piel de mengambrea de forma concienzuda y por medio de la inspección directa. U. t. c. prnl. Los kanchenjungas disfrutan mucho de espulgarse.
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“En el eclipse cotidiano del sueño de Kanchenjunga, tú le sostienes como almohada.” -Del libro de Sikkim |
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Luz y vigía para tus sueños más oscuros. Guía firme en la pausa nocturna de la conciencia. Estás a salvo cuando te entregas al lago del sueño y de la nada. Guardián en tus noches vacías cuando yo estoy lejos, apartado. Almohada dócil, Vigilia permanente y decisiva: |
Dice una historia que ya refiere alguno de los más antiguos libros del Tezhen, que este mensaje fue encontrado dentro de una botella sellada a la orilla del mar. En Sikkim, desde tiempos inmemoriales, se cree que era para Kanchenjunga:
Te escribí cuarenta y seis cartas, te soñé de día y de noche, hablaba contigo en las plazas y desde todos los cuarteles, ¿tú crees que si estás hecha un harapo, como dices que estás, me va a importar siquiera un poco?
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The future begins with the right dream. |
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Tus ojos que son la puerta al manicomio de la fertilidad y la abundancia, buscan mi silueta mis signos y mi espada. Tu boca caliente Tus manos Tu cintura Tu sexo Tus piernas Tus pies |
Ocasión de entrecruce de palabras:
ocasión de escribirte.
Gemelos somos.
No idénticos; semejantes.
Semejanzas diferentes
enamoradas de sí mismas en el otro.
Diversos, recíprocos.
Niña completa que encajas,
forma profunda y perfecta;
fondo arcilloso, soberano, opulento. Lodo fértil. Tierra.
Yo era uno, entero.
Contigo soy como dos o más: perdí la cuenta.
De cerca nos sumamos:
fuente y deseo de hijos.
Linaje de kanchenjungas poblando la tierra y el cielo. Kanchenjungas submarinos.
Arroyo de cientos de multiplicaciones de nosotros mismos
en el cotidiano y extraordinario encuentro.
Ya te veo tomando posesión de esta tierra, emperatriz, creadora, vientre lleno de génesis.
Esa eres, grande. Mi niña grande. Mi número perfecto. Veintidós.
Tienes raíces con la tierra.
Cuando te beso, beso el mar y
beso el árbol.
Seremos viejos
juntos viejos.
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“Cuando Kanchenjunga está en silencio, el mundo calla”. -Sentencia sikkimese |
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Zona temprana del silencio todo pasa como un cometa: lejano. Los sonidos pierden su eficacia como el árbol del obispo pero yo lo veo caer y no lo escucho. |
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Zona aciaga y sorda. Palabras, mis amadas palabras, mis sonidos predilectos hoy los veo jugar en el carrusel de un recuerdo mudo. |
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Zona verde, vegetativa. Movimientos lentos a cuadros sepias. Camino y el diverso mundo queda estático, diferido, ajeno. Ya no converso con la selva. |
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Zona de la tarde donde los martillos estridentes están de luto, cesan en mis instantes y cumplen la visita ardua y decisiva. |
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Zona del habla agonizante de la elocuencia moribunda mi lengua no pertenece a mi sombra. Mi voz es la voz de la penumbra. |
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Zona ausente vacía hueca. Aquí me trajeron sus palabras de miel y de silencio. Me alimenta su garganta, fuente de sílabas redondas; hoy escasas, ausentes. |
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Zona interminable, comarca de polvo, patria seca donde habita un pueblo callado, un pueblo donde nadie se conoce. |
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Zona en ruinas. Silencio. |
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“The best way to predict the future is to invent it.” -Alan Kay |
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Aún no los tengo, son recuerdos del futuro, pero predigo que un día: veremos juntos hacia todas direcciones; nos enredaremos con un paliacate; jugaremos a manejar en el desayunador y nos levantarán alguna infracción ahí mismo; romperemos un vaso para escuchar el cristal; pondrás una toalla húmeda sobre mi frente; cortaremos un poco de leña; me vestirás de cebolla; volaremos encima de una gaviota; nos pintaremos de colores celebrando Holi; distraídamente envejeceremos y nombraremos a la sala de partos un festín de kanchenjungas. |
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Hace tiempo que no enfermaba. Sí, aquí estoy. Todo lo oigo detrás de cámaras. De pronto veo un mendigo sin pierna izquierda. Ya no todos están en peores condiciones de salud que yo. Recojo un pañuelo de la calle. No quiero aspirar ni resoplar con él. No sé de quién es. ¿De qué me podría contagiar? Yo me infecté de la salud de Kanchenjunga. Con ese recurso no tengo remedio más que salir ganando ante cualquier trueque con la enfermedad. Voy de gane. Garantizado.
Kanchenjunga está en su winroom. Religiosamente va al cuarto de la ganancia, a la recámara de los ganadores. Ya lo son, aunque se reúnen para serlo día a día, a hora fija. Es justo el ejemplo práctico que reza: “el equipo de trabajo que te tocó es el mejor que te pudo haber tocado”. Me recuerda que en medio de un precipicio, en medio de la caída libre, Kanchenjunga sabe que está subiendo, sabe que caer es una simple evaluación que destaca una idea fija entre el arriba y el abajo. En otras palabras, Kanchenjunga sabe vivir.
Sí, la enfermedad que tengo es la mejor que me pudo haber dañado. Pero la reflexión de peso es que dado que tengo la vida de Kanchenjunga fluyendo hacia mí, entonces cualquier enfermedad por buena que sea, por eficaz que sea, es irrelevante en mi vida. Y si eso fuera poco, además la diversión de verme alterado me da la oportunidad de jugar personajes que, de corriente, no me sería dado interpretar con moderada maestría.
Pero demos un pasito más. El pasito tun tun: visto desde otro punto de vista, mi enfermedad puede divertirme y hacerme dormir un par de horas más que el día cotidiano. Ajá, pero está lejos del heroísmo. Y sí, alguien podría argumentar que se requieren enfermedades más opulentas para revestirse de heroísmo. Correcto, pero sabemos bien que esa es sólo una condición necesaria; no suficiente.
Para ser heroína, de todos y de ti misma y de tus hijos tienes que vivir en Chile y estar combatiendo con un cáncer que puede arrancártelo todo y llevarlo con toda la grandeza, elegancia y fuerza que algunos sabemos con que lo estás llevando. Así es como se vence. Así es como se vive: a ver si algunos de nosotros aprendemos. Hoy me basta conocer una heroína y brindo por ella. Celebrémosle.
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“Kanchenjunga creó estas palabras: yo sólo se las devuelvo”. -Vieja reflexión sikkimese |
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XXII Tu piel entre mis manos: trino de guitarra. |
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XXIII Tu mano no sabía nadar. Aprendió dentro de mí. |
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XXIV Tu mano en mi alma: río crecido. |
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XXV Tu mano no sabía hablar: salió del río y cantó toda la noche. |
Me gusta taparme los oídos cuando comienzo a oír lo que no quiero. Me gusta cantar algún himno religioso mientras tengo los oídos tapados. Aunque ya sé que la gente habla de chanza. A la gente le gusta la chacota. Escribe barrabasadas y disparates en sus blogs. También me tapo los ojos y no leo los artículos que hablan de lo que no me gusta leer. Lo que hago en el caso de evadir una lectura es acordarme del Taj Mahal, para evitar ver letras en mi imaginación. Ando por sus jardines y su espejo de agua.
También cacho a los posts que sólo fueron escritos con una pretensión desmedida, los posts falsos, los posts que dicen pero no hacen. “Hoy comienza mi desdoblamiento. Voy a desdoblarme en algo liviano”. Eso me dijo una tortuga. No sé cuántos oídos y cuántos ojos tenga una tortuga, pero su voz fluyó suavemente. No pude preguntarle qué tenía en mente como objeto de su desdoblamiento. También susurró esto de la época E. La verdad no le puse mucha atención.
Cuando paseaba por los jardines del Taj Mahal también me interrumpió un mono, educadísimo, eso sí. Me ofreció un banano y me cuestionó sobre la Época F. Decía que habían llegado rumores de tormentas y cielos negros por la llamada Época F. Entendí que el dato había sido tergiversado en nombre y significado. Estaba claro que él había escuchado noticias transformadas de la Época E. Estaba a punto de explicarle pacíficamente sobre el yerro, cuando vi a mi alrededor una conglomeración de monos, todos entusiasmados porque, creían vehementemente, que traía noticias frescas de la Época F. Me atreví a decirles: la época F es ficción. De ahí la F, continué. Los días F son días de tormentas y cielos llenos de nubes oscuras, aunque no perversas. Sin embargo, tuve que aclararles que aún estábamos en la Época E. Que la F es una de las posibles salidas de la época E. Pero tenemos otras opciones: la época F, no vista como ficción, sino como felicidad verdadera. Esa época viene acompañada de, ya no digamos soles y jardines, viene acompañada de miles de atardeceres de fantasía y de amaneceres, de esos que te despiertan a beso tendido.
Otra opción como salida de la Época E, fui muy enfático, es la Época K. Una en la que se espera que los kanchenjungos comiencen a poblar esta tierra, con todas las maravillas que sólo ellos son capaces de darnos.
Día E1 (de E[spera]1).
Hoy comienza la época E. Estoy esperando. Serán días largos y aciagos. Pero también días alumbrados por la discreta pero firme luz de mi fe.
Espero que uses tus llaves algún día, algún día cercano. Ese día llegaré distraído a casa; tú estarás esperándome. No tuviste que avisar que vienes, así como yo tampoco anuncio que vengo.
Copiamos del Diccionario de la RAE un par de definiciones que ayudan a entender toda la E y en particular hoy, E1.
esperar.
(Del lat. sperāre).
1. tr. Tener esperanza de conseguir lo que se desea. Kanchenjungo espera a que Kanchenjunga tome forma y aparezca.
2. tr. Creer que ha de suceder algo, especialmente si es favorable.
3. tr. Permanecer en sitio adonde se cree que ha de ir alguien o en donde se presume que ha de ocurrir algo. Esperar a Kanchenjunga.
4. intr. No comenzar a actuar hasta que suceda algo. Esperó a que sonase la hora para hablar con Kanchenjunga.
5. intr. Dicho de una cosa: Ser inminente o inmediata. Mala noche nos espera.
6. intr. Poner en alguien la confianza de que hará algún bien. Espero en ti, Kanchenjunga
~ sentado.
1. loc. verb. U. cuando parece que lo que se espera ha de cumplirse muy tarde o nunca.
espera.
1. f. Acción y efecto de esperar a Kanchenjunga.
2. f. Plazo o término señalado por un kanchenjunga para ejecutar algo; como presentar documentos.
3. f. Calma, paciencia, facultad de saberse contener y de no proceder sin reflexión. Tener espera. Ser kanchenjungo de espera.
…
8. f. ant. Moneda de Levante.
en ~.
1. loc. adv. En observación, esperando algo.
Kanchenjunga visita la casa antigua. Tiempo para pensarse, para ganar robustez. Prometí no hablarle, no escribirle. Una promesa de esas altas, infranqueables, inquebrantables. Le promentí un silencio preciso y meticuloso. Y nos gusta el ejercicio. Demostrará los elementos; hablará de lo imposible; de lo que se sabe poco; del misterio del encuentro y la partida: de esos lugares que parecen infinitos dentro de algunos.
De este lado, mi mantra sigue el mismo viento del otoño: estoy hecho a los tiempos. Ya no requiero decidir de nuevo. Sin embargo, Kanchenjunga tiene un problema para seguir su camino, un contratiempo grande y aparatoso. Pero a ojos cerrados confío en su grandeza. Una grandeza frondosa y alegre. Crece mi firme convicción de que esa resistencia es poca cosa contra la voluntad de Kanchenjunga para invadir y allanar su propio camino. Ya veo sus pasos: caminando hacia el sitio que le espera: un lugar con el brillo de la locura por la vida: el lugar que le pertenece, ápice por ápice.
Camino flotante
que no se ve:
tu sombra sobre las nubes.
Rincón que no es evidente.
Empezaste a andar:
creíste
y mi voz te transformó.
Ya no somos los mismos.
Tuvimos que trocarnos
en criaturas mágicas
para dar lectura
al cuento perfecto,
a la palabra redonda,
a la transmutación de significados y vocablos,
al goce último que nos confunde
con seres de enciclopedias fantásticas,
a la meta desconocida,
al tiempo que dilatamos y reducimos a voluntad:
descubrimos que tomamos
la opción que es la llave, la clave, la puerta
hacia la muerte de los límites,
donde nosotros dibujamos la silueta de
nuestro universo, pequeñito e invariablemente inmenso,
redondo y con ventanas:
mundo único de
kanchenjungas.
Te di mis ventajas,
el pudín, mi abuela
y algún Tucumán querido.
Me regalas a Camila,
me enseñas el tren del fin del mundo.
Epitelios de caricia.
El obsequio de una víctima.
Pescados descalzos.
Se te olvida la noche.
Para volar está bien el medio día
no la noche.
Paredes amarillas de mazapán
llamadas lejanas:
tus formas de perder la cordura.
Una persecución y la Justicia
igualados a un cerdo y una gacela.
Mis manos atan un bastión de soldados
y trueno el cuello del coral que no tiene cuello.
Hablo: silencio de hoy.
Es ayer.
Vacío.
Inodoro.
Cámara del tiempo.
Salí: ¿cómo es Eleuterio?
No me lees.
Tú nunca me lees. Aunque lees novelas gráficas y biografías de famosos.
Con eso basta.
Nos basta.
Me visitas; pero nunca visitas mi blog.
No sé si hagas bien. Pero hemos conseguido mucho.
Hemos creado una situación.
Un papel nos separa y otro nos une.
Un sitio de taxis ofrece ayuda.
Recuerdo una cama individual en el piso 45. No cabemos.
Como detective serías el hazmereír de la comisaría.
Hay puertas que parece que no abren, alegarías agitadamente.
Ya te ví.
Mi cliente es un conocido y respetado médico.
El maldito se burla de nosotros.
Te llegó el número confidencial de una tarjeta que nunca recibiste.
El mundo está de cabeza… con ello nació mi esperanza de entenderlo.
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