Namaskar.
En este tercer viaje ya he hecho dos cosas importantes que no había hecho en India: viajar en los trenes locales de Mumbai e ir al cine a ver una película bollywoodense. El tren local no fue gran cosa. Me gustó ver a la gente ahí, el ritmo del tren, el bochorno, las sonrisas cuando saco fotos. Sin embargo, a decir verdad, tampoco encontré gran riqueza en la experiencia: íbamos Sunil, Prafull, Kshitij, Mahendra y yo hacia un bar en el sur de Mumbai –Leopold’s–. Un lugar al que fui en alguna ocasión anterior.
Pero regresando al tema del tren local, si quiero alguna emoción y alguna experiencia sin protección de mis amigos maharashtras, tengo que ir solo. Sí, tendré que encarar el ligero problema de que prácticamente todos los señalamientos están en hindi, usando devanagari como sistema de escritura. Ir solo es un poco aventurado pero es justo lo que, si estás a 16,000 km de casa quieres hacer. La gente en la oficina me dice que no vaya. Me repiten eso porque les da miedo que me asalten o que me pierda. Son muy gentiles, de verdad. Creen que quizá me sorprenda algún carterista o algún tipo de ladrón de ese nivel: si vieran el entrenamiento que uno recibe en el metro de la Ciudad de México. Por otro lado, lo de perderme no me preocupa. Regresar es muy fácil. Los departamentos en los que estoy viviendo están muy cerca del aeropuerto y cerca de una vía rápida. Cualquier taxi o rickshaw me puede llevar de regreso sin problema. Incluso, siendo sincero, me da un poco de pena no poderme perder de veras.
Ir al cine sí fue otra cosa. Kshitij compró los boletos a medio día. Antes de ir al cine fui de compras. Era Día de la Independencia y había descuentos muy buenos. Prafull me acompañó al Oberoi Mall –uno de tantos modernos, limpios, espaciosos malls que pueblan Mumbai. No llovía cuando llegamos. Tampoco había señales especialmente amenazantes en el cielo. Cuando salimos 70 minutos después de haber llegado estaba lloviendo a cántaros. Nos mojamos pero llegamos a tiempo al cine. Kshitij tardó un poco en llegar. Sunil ya nos esperaba. La primera sorpresa fue que los boletos son numerados, con asiento numerado como en el teatro. Ellos dicen que está muy bien porque está bien organizado. Yo digo que les generan la impresión de ir a un espectáculo, más que una función repetitiva. La película, lo sabía –yo mismo escogí el filme– fue un churro bollywoodense, pero quería ver en pantalla a la misma pareja que me atrajo por vez primera al cine de Bollywood: Akshay Kumar y Katrina Kaif. Vimos Singh is Kinng. Es paradójico pero lo más emotivo de mi experiencia en el cine sucedió antes de que propiamente empezara la función. Antes de pasar la película ponen el himno nacional con la bandera en todo lo ancho de la pantalla. La gente se pone de pie y canta. Sí: ¡canta! Es decir, uno entiende que la gente pueda seguir con los labios la letra del himno. Pero que canten como para que se oigan sus voces, eso sí me conmovió. A los que me conocen no les sorprenderá que terminé con muchas lágrimas en los ojos estando ahí parado.
La película tenía todo lo que esperaba: canciones, bromas del nivel del Chavo del 8 (pastelazo, tropiezos, etc…) una y otra vez, historia de amor improbable que termina realizándose y algunos discursos conmovedores. No entendí palabra por palabra nada. Las películas están habladas en hindi y no hay subtítulos (¿como para qué habría si la gente habla hindi?). Pero entendí toda la película porque es obvia. No me sorprendió mucho, pero no dejó de llamarme la atención que la gente se riera con las bromas del Chavo del 8. El otro punto es que las películas tienen intermedio. Sí, lo escribí bien: las películas. En el momento donde el enredo está en su cumbre, ahí la película se detiene y el máster original dice: “Intermission”. Me recordó (como muchas cosas en India en términos de infrastructura y de moda –más sobre eso en algún post en el futuro cercano) al México de los 70 y principios de 80. Me encantó ver el tipo de golosinas y botanas venden en el cine (aunque sí hay palomitas).
Después fuimos a cenar Sunil, Kshitij y yo a un lugar de biryani en el norte de Mumbai. Estaba decente, pero era la víspera de mi visita a Hyderabad y mi corazón está puesto en ese tercer biryani vegetariano de Gufaa en Basheerbagh. Por cierto, estoy en Hyderabad ya y a punto de ir ahí. Ya les contaré si sigue siendo mi lugar favorito.